Pico y Placa Medellín
viernes
0 y 6
0 y 6
Grandes reflexiones, incertidumbres y desafíos deja para Colombia la celebración del Día Internacional del Agua. Si bien somos el tercer país con la mayor cantidad de fuentes de agua dulce en el mundo, según Global Water Partnership (GWP), las cifras e investigaciones presentadas el fin de semana sobre la calidad del agua que consumimos, el estado actual y el futuro de los ríos, glaciares y demás sistemas hídricos es preocupante.
Desalentador que en medio de tanta riqueza en aguas se tenga ahora que alertar sobre un riesgo de desabastecimiento que afectaría a 11 millones de personas de 24 departamentos, es decir, 75 % del territorio nacional, por efectos de la deforestación, que crece cada año en 260.000 hectáreas; la potrerización, las fallas en el manejo de aguas residuales, la contaminación de ríos y fuentes en todos los niveles, micro y macro; la minería ilegal y aquella que se hace a gran escala sin estricto rigor por las normas ambientales, el desgaste de los glaciares por efectos del cambio climático, entre otros aspectos críticos.
Tal radiografía la expone el Estudio Nacional del Agua 2018 (ENA), esfuerzo de varios ministerios, presentado el pasado viernes, y que obliga a reaccionar como sociedad.
No puede perderse, dilapidarse ni contaminarse una sola fuente. “El agua es un bien imprescindible para el equilibrio de los ecosistemas y la supervivencia humana”, como lo expresó el Papa Francisco al invitar a la comunidad de naciones y a cada persona a actuar, con hechos concretos, por su defensa en el Día del Agua.
El próximo año, todos los países tendrán que rendir el primer reporte sobre sus alcances en la erradicación de la pobreza con planes sostenibles de protección ambiental y consolidación de la paz, en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Colombia, sin desconocer sus importantes logros y esfuerzos en saneamiento básico, dejará en evidencia sus enormes desafíos para cumplir con el objetivo de agua limpia y saneamiento.
Los registros del DANE y el último Informe Nacional de Calidad del Agua del Ministerio de Salud muestran un panorama nada alentador. En el país 3,6 millones de personas no tienen acceso a acueducto y 5,6 millones carecen de alcantarillado; al menos 6,2 millones, de 338 municipios en sus cascos urbanos, reciben agua con alto riesgo para la salud y 368.000 se exponen a consumir un líquido con altas concentraciones de bacterias fecales, virus, sustancias químicas y otras, que la hacen no apta para el consumo humano. En el campo la situación es más dramática.
En Antioquia el cubrimiento con agua potable alcanza al 95 % de la población urbana. En sus áreas rurales, como en el resto del país, la complejidad es grande: más de 87.000 familias campesinas paisas, unas 400.000 personas, no cuentan con agua potable.
Por departamentos, solo Arauca y Quindío tienen niveles de agua segura. En el otro extremo aparecen Caldas, Nariño, Putumayo y Magdalena. El resto del país está en niveles de riesgo medio y bajo. La Guajira y Chocó ni siquiera presentaron registros al Ministerio que permitieran conocer qué calidad de agua consumen sus pobladores.
La OMS denunció esta semana que al año mueren 780.000 personas en el mundo por falta de agua potable. Para 2050, el 52 % de la población global estará en riesgo por esta razón. Incluso, habrá que abandonar grandes capitales, advirtió.
El suministro de agua, en calidad, eficiencia y cantidad, es un derecho fundamental de la población. No tener el recurso multiplica la miseria, la violencia y pone en riesgo el futuro de las nuevas generaciones. El agua forma parte de todos los procesos naturales de la tierra e impacta todos los aspectos de la vida, es un elemento limitado, muy vulnerable y cada vez más escaso. Si no se crea una conciencia local y global sobre su manejo razonable, la vida, como se conoce, estará amenazada.