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Las cifras de julio del mercado laboral publicadas por el Dane son positivas (tasa de desempleo cae de 20,2 % a 14,3 %) y denotan una reactivación en firme; además, quedaron superados los efectos del prolongado paro. Esto es favorable, pues permitirá reducir la pobreza y recuperar indicadores severamente afectados por la pandemia. En todo caso, es preciso matizar algunos de esos guarismos para señalar alertas y la necesidad de políticas de empleo más activas y focalizadas.
Hay varios indicadores que sobresalen. Cerca de tres millones de personas más se ocuparon en el mes de julio de 2021, en relación con el mismo mes del año anterior, a pesar de que en el último julio hubo un mayor número de personas que buscaban trabajo, dada una reducción de la población inactiva (estudiantes, mujeres dedicadas a labores del hogar, etc.). El mayor aumento en la ocupación, así como en la reducción del desempleo, se presentó en las 13 principales ciudades y las 23 áreas metropolitanas. Un dato muy relevante es que tanto la serie mensual como aquella que elimina estacionalidades y diferencias en días calendario coinciden en una reducción del desempleo y una mayor ocupación en el mes de julio. Este es quizás el mejor indicio de un efectivo avance en esta área.
En el caso de Medellín y su área metropolitana, la tasa de desempleo en el trimestre de mayo a julio de 2021 fue de 15,6 %, lo que significa un desempleo levemente por debajo de la tasa promedio de las ciudades principales y las áreas metropolitanas, así como por debajo de las tasas de desempleo de Cali y Bogotá, y muy por encima de las de Cartagena, Barranquilla y Bucaramanga. Por su parte, la tasa de desempleo de los jóvenes (población entre 14 y 28 años) se situó en el mismo trimestre en 26,5 %, es decir, un poco más de un punto porcentual por encima del promedio de las ciudades principales y las áreas metropolitanas. Esto indica la urgencia de implementar verdaderos programas en la ciudad para reducir el desempleo juvenil, como la alianza público-privada en Antioquia “Qué hay pa’ hacer”.
Algunas cifras justifican la necesidad de una política de empleo más activa. La más importante, y pese al avance significativo en recobrar los empleos perdidos por la pandemia, es que aún faltan cerca de 1,2 millones. Quizás esos empleos ya no puedan rescatarse, debido a incrementos en productividad inducidos por la pandemia misma, pero por eso deberán promoverse nuevas actividades que los reemplacen. Como se ha insistido, es importante que Antioquia y el país logren insertarse de manera innovadora, oportuna y efectiva en el reacomodo, por la pandemia, de las cadenas de valor mundiales. Para lograr esto es necesario dicha promoción y estímulo.
De cada 10 nuevos ocupados en las 13 ciudades principales y en las 23 áreas metropolitanas, 4,2 y 4,6 fueron creados en el sector informal, respectivamente. Sería oportuno que el Ministerio de Ciencia y Tecnología, con el programa “Colombia Científica”, solicitara e hiciera públicos los avances y recomendaciones del programa “Inclusión Productiva y Social: Programas y Políticas para la promoción de una Economía Formal”. Esto no da espera.
Por último, sigue pesando el alto desempleo de la mujer y de los jóvenes, que son quienes han cargado con gran parte del destructivo impacto de la pandemia. Es hora de hacer más por todos ellos. No podemos retornar a los sombríos contextos plasmados en “Rodrigo D”