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No cesan las malas noticias económicas. El miércoles pasado cayeron estrepitosamente las bolsas de valores en todo el mundo. Para comenzar, el índice Dow-Jones, el más importante de Estados Unidos, cayó más de 800 puntos, alrededor de 3 %. Por su parte, el índice ampliado S&P 500 terminó el día con una reducción de 2,9 % y el Nasdaq, muy tecnológico, con 3,02 % de caída. También se desplomaron los valores europeos, los asiáticos y los latinoamericanos.
Los mercados se inquietaron por los datos chinos que mostraron el debilitamiento de su economía, con una producción industrial en su nivel más bajo en 17 años y una tasa de desempleo elevada. Alemania también produjo una muy mala noticia, porque anunció que su PIB retrocedió 0,1 % entre abril y junio, con ese desempeño el motor de Europa está al borde de la recesión.
Para acabar de completar, se produjo la llamada inversión de la curva de rendimientos (o de tasas) en Estados Unidos. Así, se presentaron reventas masivas de acciones en Wall Street por el comportamiento inhabitual que llevó a que el rendimiento de los bonos del tesoro a 10 años pasara temporalmente a estar por debajo de aquel de los papeles a dos años. En efecto, en un momento en la jornada la tasa a diez años alcanzó a estar en 1,59 % y la de dos años era 1,58 % Esto, por lo inaudito, se entiende como una señal de que la confianza de los inversionistas en la economía se está debilitando. Es más, de acuerdo a lo que se ha visto en los últimos 50 años, este tipo de movimiento ha precedido cada recesión que se ha dado en ese país.
La combinación de malas noticias se dio después de que hace unos días se intensificó la guerra comercial entre las dos primeras potencias económicas. El problema ahora es que la guerra comercial se está trasladando a los mercados de valores. Si bien ayer muchos índices se recuperaron, lo cierto es que la volatilidad bursátil demuestra el temor que tienen los inversionistas ante las señales que está produciendo la economía.
Puede haber un exceso de sensibilidad. Los mercados se ponen en rojo ante cualquier mala noticia. Para el hemisferio norte se espera un final del verano en que los indicadores bursátiles se van a comportar como una montaña rusa. Parte del problema es que las próximas reuniones de la Fed y la Banca Central Europea se darán apenas en septiembre, lo mismo que el encuentro entre los negociadores de Estados Unidos y China, todos eventos con noticias que, en principio, deberían calmar los mercados.
De hecho, para la prestigiosa revista The Economist la recesión por ahora es más un temor que una realidad. Es cierto que las nubes de tormenta se están juntando, pero también que la economía mundial continúa creciendo y resistiendo, a menor ritmo eso sí. Hay que estar vigilantes del precio del dólar, un barómetro del apetito por el riesgo; de la guerra comercial que puede ceder a medida que Trump, en plena campaña reeleccionista, perciba que está desgastando a la economía; y de la deuda de las grandes empresas que, en niveles muy bajos, puede entusiasmar a los inversionistas.
Hay que dejar decantar las noticias, hay mucha gente vendiendo y comprando valores, presas de la ansiedad. Como siempre, se impone la prudencia en un momento tan confuso.