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El boom de

los minerales

Solo en la parte sur del continente americano se encuentra la mitad de las reservas mundiales de litio, dos quintas partes del cobre y una cuarta parte del níquel de todo el mundo.

09 de marzo de 2024
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  • El boom de los minerales

A Latinoamérica le están resultando pretendientes de varios rincones del mundo, y todo por el reciente interés que suscitan sus materias primas y su energía. Sus posibilidades son tan grandes que tener acceso a estos recursos naturales podría significar para muchos países el poderse librar de su dependencia de China y Rusia. ¿Pero qué ganaría con esto la región y cómo evitar un nuevo colonialismo?

Solo en la parte sur del continente americano se encuentra la mitad de las reservas mundiales de litio, dos quintas partes del cobre y una cuarta parte del níquel de todo el mundo. Todos estos minerales fundamentales para transitar hacia energía renovables y tecnologías digitales. La Agencia Internacional de la Energía estima que la demanda global de minerales vinculados a la producción de baterías, como el litio, se multiplicará por 42, así que lo lógico es que la mirada de países europeos, reinos petroleros o potencias como Estados Unidos, China y la India se dirija hacia esta zona del mundo.

El año pasado, Latinoamérica fue cortejada por muchos y recibió visitas de jefes de Estado y delegaciones europeas de manera constante. Por primera vez en ocho años se celebró una cumbre UE-América Latina, hace una semana se firmó un tratado de libre comercio con Chile, hay otro con Argentina y está a punto de cerrarse uno más con México. Y aunque los gobiernos europeos no han conseguido concluir el acuerdo con Mercosur, siguen pedaleándole al asunto porque reconocen las ventajas que tendrían. Por ejemplo las exportaciones brasileñas de manganeso y níquel podrían sustituir las importaciones europeas de esas materias procedentes de China y Rusia.

Pero tanto interés genera a su vez recelo en los países objeto de deseo. La situación es que los países de América de Sur que logran exportar sus materias primas, lo hacen sin procesar y no entran en el mercado lucrativo de la producción. Esto es lo que algunos han bautizado como neocolonialismo pues es la última versión de lo ya vivido hace 500 años.

Para la Alianza chilena Chile mejor sin TLC, compuesta por 100 organizaciones, el tratado convierte al país en una colonia energética porque a su juicio contiene normas de protección de las inversiones que suponen una importante amenaza para la defensa del medio ambiente y el clima, así como facilidades para que compañías extranjeras emprendan acciones legales que les favorezcan estructuralmente y cierren el paso a otros grupos sociales.

Y este es solo un ejemplo. Según el Atlas Global de Justicia Ambiental, desde el año 2000, más de un tercio de todos los conflictos relacionados con proyectos extractivos a nivel mundial han tenido lugar en América Latina. De manera que el recelo mutuo entre quienes poseen los recursos y los inversores está a flor de piel. De ahí que la política comercial es una herramienta básica para alcanzar acuerdos que beneficien a cada lado. Mientras unos consiguen diversificar el origen de sus importaciones, es lógico que América Latina se beneficie de un incremento en las exportaciones, que tenga mayores ingresos fiscales y que logre el fortalecimiento de la industria.

En ese sentido se han discutido ideas como que Argentina, Brasil, Bolivia y Chile creen una organización similar a la OPEP para el litio con el objetivo de controlar los precios a nivel global. O cómo superar uno de los grandes retos de la región que es el de la relativamente poco calificada fuerza laboral: solo el 15% de la población recibe formación, contra el 56% de los países miembros de la Ocde. Y otro tema en constante debate es el de cómo enfrentar el desafío de la falta de inversión en investigación y desarrollo (I+D). Chile, México, Colombia y Argentina invirtieron 0,3% del PIB en I+D, comparado con el 2,7% de la Ocde. Las comparaciones son odiosas a decir de muchos, pero necesarias para enfrentar la realidad y sobre todo las grandes oportunidades que se abren.

Una sugerencia muy útil sería aprovechar el espacio de la Organización Mundial del Comercio para definir reglas internacionales que comprendan cuestiones climáticas, energéticas y tecnológicas con los asuntos comerciales. Solo así se podría conseguir que el llamado sur global tenga la posibilidad real de una economía sostenible que no nos haga dependientes.

A todas estas hay que decir que Colombia todavía no ha explorado sus posibles reservas: antes debido al conflicto armado que le impedía llegar a muchos territorios, ahora por la política de Estado que prefiere no explorar.

Las materias primas fundamentales son un elemento de considerable importancia geopolítica y hay que tener claro desde ya que el beneficio debe repartirse entre quienes los poseen y aquellos que tanto los necesitan. La vulnerabilidad del suministro global es una realidad que hay que atajar, y pronto. .

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