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A Ecopetrol, la que era hasta hace dos años la joya de la corona del país, parece que le hubiera caído encima una pandemia. Al desplome del 30% en el precio de su acción en lo corrido del año se suma la caída del 28,3% en sus utilidades en el tercer trimestre del año y la pérdida de confianza en su administración.
Cada vez saltan más alertas en los mercados sobre el rumbo de la petrolera y sobre su presidente, Ricardo Roa, al que le siguen explotando nuevos escándalos en la cara. Se han acumulado tal número de denuncias en su contra, y contra su pareja, Julián Caicedo, que la última, revelada por La Silla Vacía, parecía ser la gota que rebosaría la copa: pero lo peor es que no ha sido así. Al presidente Gustavo Petro parece no importarle el futuro de ese activo de todos los colombianos y deja que Roa siga haciendo y deshaciendo al frente de la empresa más poderosa del país.
Lo que reveló la Silla Vacía es que intentaban direccionar jugosos contratos de Cenit, la filial de Ecopetrol que es la mayor transportadora de hidrocarburos del país. No es que sea el mayor escándalo, pero la evidencia es potente: un audio en el que se habla de que el presidente de Cenit, Alexander Cadena, y Danilo Romero, compadre de Petro, buscan contratos y puestos para pagar los compromisos de la campaña. El directivo que grabó la reunión denunció lo ocurrido en la línea ética de Ecopetrol, pero para su sorpresa, en vez de que la empresa anunciara la investigación del caso, lo que hicieron fue despedirlo.
Algo parecido ya había hecho Ricardo Roa cuando era presidente de la Empresa de Energía de Bogotá, durante la alcaldía de Gustavo Petro. Roa nombró como gerente en una filial en Guatemala a un hombre que derrochaba el dinero de la empresa pública en carros de alta gama, hoteles de lujo y spas con prostitutas. A Roa al parecer no le dolía la plata pública pues nunca lo denunció ante la Fiscalía. Lo cual sí hizo la gerente que llegó después, Astrid Álvarez, en la alcaldía de Peñalosa, y la justicia condenó al manirroto a 5 años y medio de cárcel.
La terquedad del presidente Petro en mantener a un personaje como Roa es, por decir lo menos, indolente con el país. Parece que no le sirve que Ecopetrol funcione bien. En su afán de convertirse en líder mundial antipetróleo, necesita destruir la compañía, no le importa pasar por encima del país y de todas las necesidades de los colombianos más vulnerables que podrían atenderse con los recursos que deja el petróleo.
Y es que el discurso ambientalista del Presidente tiene protuberantes agujeros. ¿O cómo se explica que prohíba explorar más gas en Colombia, pero lo tenga sin cuidado importarlo? ¿Acaso el gas importado no produce el mismo daño al planeta que el gas propio? La diferencia es que el importado no afecta la imagen que quiere construir de líder contra combustibles fósiles.
Estamos hablando de que está en entredicho la suerte de una firma con más de 250.000 pequeños inversionistas, 19.650 trabajadores directos, 18 subsidiarias y filiales tan importantes como ISA y Reficar, con presencia en hidrocarburos, petroquímica, energías renovables, transmisión de energía, entre muchos otros.
A pesar de que las utilidades de la compañía siguen cayendo, paradójicamente, la cuenca del Permian, en Estados Unidos, esa que tanto ataca Petro, es la que está sacando la cara, con una producción de 102.000 barriles diarios, superando la de los campos colombianos. Ese campo Permian es el mismo que Ecopetrol quería ampliar, incluso ya la junta directiva conformada en este gobierno lo había aprobado, pero en una noche cualquiera, de un plumazo, Petro desbarató tal vez el mejor proyecto que iba a hacer Colombia en los últimos años.
El contrato con la Oxy vence en abril del 2025 y si Ecopetrol no lo renueva va a provocar mayores y más irreversibles estragos en la empresa que venía disparada hasta septiembre de 2022. En esos primeros nueve meses de 2022, Ecopetrol logró ingresos por 119,8 billones de pesos y hoy están en 98,5 billones, un descenso del 17%, mientras que las utilidades pasaron de 26,6 billones a 11 billones, es decir, 58,6% menos. En solo dos años, las utilidades han caído más de la mitad.
Es decir que Ecopetrol ha perdido más en utilidades en estos dos años de lo que Petro piensa recoger en la reforma tributaria que está proponiendo. Dicho de otra manera, el Presidente prefiere ponerles impuestos a los colombianos para poder seguir con un discurso que, eventualmente, solo terminará sirviéndole a él porque cortarle el chorro de las regalías no le favorece al país, ni tampoco mueve la aguja de la contaminación del mundo, a la que Colombia aporta una mínima expresión.
Ante los escándalos, Roa atinó a decir que “permanentemente” lo suplantan en chat, donde, según él, dan instrucciones a su nombre. ¿Cómo es posible que esto ocurra en una empresa seria? ¿dónde están las investigaciones? Es demasiado grave para que pase de agache.
Lo cierto es que Ecopetrol no aguanta más maltrato. Es un llamado a todos los sectores. A la Fiscalía para que haga la tarea de investigar a Roa siendo consecuente con el expediente que el Consejo Nacional Electoral tiene sobre él. A la Contraloría a la que extrañamente no se le ha visto mover un dedo. Y a la Junta Directiva, que por más fichas que sean de Roa o de Petro, deben tener claro que también tendrán que responder.