En los años setenta del siglo XX se puso de actualidad, más que de moda, la ética de la empresa. Se presentaba en sociedad con dos buenos avales: la ética es rentable para las empresas, porque una empresa ética está mejor gestionada que una inmoral, ahorra en costes de coordinación y genera capital simpatía entre los ciudadanos, pero además una empresa ética contribuye a crear una buena sociedad. Una buena empresa es un auténtico bien para su cuenta de resultados, pero también para la sociedad que disfruta de ella.
Con el cambio de siglo fue el discurso de la Responsabilidad Social Empresarial el que vino a reforzar esta idea. Una economía que quiera ser competitiva –venía a decir- debe apoyarse en empresas que crean puestos de trabajo, ofrecen...