Esta semana un suceso colombiano ingresó a los Récord Guiness: en Cartagena fue elaborado el coctel de Camarón más grande del mundo. Preparado dentro de una copa de acrílico de tres metros de alto, el manjar tuvo un peso certificado de 1.320 kilos.
La noticia fue difundida con amplitud de detalles: en el gigantesco coctel se emplearon mil kilos de camarón, trescientos de ajo, quinientos cincuenta de salsa de tomate y sesenta de verduras. Varios protagonistas del acontecimiento –ostreros callejeros que ejercen su labor bajo el inclemente sol de Cartagena y que nunca antes le habían interesado a la prensa– fueron exaltados.
El fanatismo por este tipo de marcas es una nueva forma de religión. Hoy las bendiciones se imparten desde la báscula, en un...