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David Escobar Arango
Columnista

David Escobar Arango

Publicado

Soltar, fluir y crear

* Director de Comfama.

Querido Gabriel,

Se dividen en grupos y escriben escenarios sobre el futuro de la empresa, nos vemos en quince minutos, explicó el consultor. Sentí que mi cuerpo se ponía rígido y sonreí tímidamente. Miré el tapete manchado del salón, un espacio sin ventanas, con olor a café y a trapo húmedo. No se me ocurría nada que aportar: ¡bloqueo total! Era mi primer trabajo, estábamos en un ejercicio de planeación estratégica y la presión para decidir el futuro de la empresa en pocas horas generaba estrés y anulaba creatividad. En el ambiente se percibía el susto y, por supuesto, los resultados no representaron ninguna novedad para la empresa; un ritual vacío.

Los nuevos caminos no parecen construirse con exigencias o “gerencia”, sino con naturalidad y creatividad. De la tensión no emerge la luz y del afán no solo queda el cansancio, sino la frustración. A uno le dicen: “¡Piense ya!”, y se cierran las entendederas; “¡sea feliz!”, y lo único que aparece es la angustia.

¿Hablamos de esta paradoja de la tensión? ¿Conversamos sobre cómo soltar y tomar distancia, clave no solo para rendir más, sino para estar mejor? ¿Compartimos ideas sobre la potencia de un buen retiro de equipo, crucial para conectar, visualizar el futuro y continuar el camino con claridad y entusiasmo?

Un retiro organizacional como el que tuvimos en Comfama hace poco en el Ashram Vanadurga, en el hermoso municipio de San Rafael, es diferente a unas vacaciones, aunque comparte algunos de sus beneficios: rompemos con la rutina, relajamos el cuerpo y calmamos la mente. Se diferencia, por otro lado, en que hay agenda e intención y en que, por supuesto, lo compartimos, no con nuestra familia, sino con los compañeros de equipo.

Un buen retiro, más que un paréntesis, es un buceo profundo por el corazón y la mente de la organización. Se convierte en un espacio para el afecto y para desarrollar conversaciones sin acartonamiento y, obviamente, sin prisa.

Estos encuentros funcionan mejor sin acceso a internet. Así disminuimos los niveles de serotonina y acallamos el bullicio, nos desconectamos para conectarnos. Mejor aún si se enmarcan en un ambiente natural y se enriquecen con caminadas conscientes, yoga, meditación, buen sueño y comida liviana.

Al avanzar el proceso, los rostros se relajan y los ojos dejan de revolotear azarados. El corazón baja su ritmo y las palabras se elevan por encima de coyunturas y urgencias. Surgen las sonrisas suaves, aparecen los abrazos espontáneos y la claridad se manifiesta como un sol al alba, que emerge sólido tras las montañas. Se activa la mente colectiva y sentimos esa forma mágica de placer en la cual formamos parte de un propósito que nos supera y nos contiene.

Hagamos la tertulia, porque equipo que no respire, suelte y fluya, se atasca y se pierde. Podemos abrir la conversación con esta frase de Naval Ravikant, mi mantra cuando me siento a escribir o a resolver un problema: “Cuando uno está tenso, actúa como los demás esperan que actúe. Cuando está relajado, es uno mismo” 

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