El 19 de diciembre de 1863 se jugó el primer partido oficial de la era moderna del fútbol. El Barnes enfrentó al Richmond en Mortlake, un barrio a las afueras de Londres.
¿Dónde empezó esta historia? En la Freemason’s Tavern. Una taberna en el centro de Londres, donde el 26 de octubre de 1863, bajo el liderazgo de Ebenezer Morley, se reunieron verdaderos filósofos existencialistas. Acordaron las reglas del fútbol y lo separaron del rugby. No hay discusión. Alrededor de unas buenas cervezas nació el fútbol. Cada vez que nos tomamos una cerveza, es un tributo a ese momento que dividió la historia de la humanidad en dos.
En lo que si hay discusión, es sobre cuál fue la primera civilización que jugó a patear algo parecido a un balón de fútbol. Para algunos historiadores, fueron los indígenas guaraníes quienes, alrededor 1639, practicaban el manga ñembosarái, en el cual dos equipos se pasaban con los pies una pelota de goma.
Yo creo en realidad, que el primer jugador de fútbol fue el eslabón perdido, quien siendo todavía homo erectus, metió un gol y desde entonces, se convirtió en homo sapiens. Esta teoría ha sido validada por científicos muy importantes.
El fútbol, como la humanidad, es una historia de luces y sombras. Es una historia de la mano de Dios. Si, el fútbol tiene y tendrá muchas sombras. Pero también tiene y tendrá muchas, muchísimas más luces.
La semana pasada, Boca Juniors dependía de sí mismo para ser campeón de la liga profesional argentina, pero terminó empatando su último partido. Así las cosas, necesitaba que su eterno rival River Plate, le diera una mano contra Racing. Y River le dio una mano gigante. Minuto 89, penalti a favor del local Racing y en contra del visitante River. Si hacía el gol Racing, era el campeón de la liga. Tapó el penalti Franco Armani y para rematar, minutos después, Borja marcó gol. Racing 1-River 2. Se encendió la fiesta en La Bombonera. Varios hinchas de River gritaron. ¡Che, qué le pasa a Armani! ¡Simplemente era dejarse meter el gol!
Contrario al sentimiento de una parcial de la fanaticada de River, habló Marcelo Gallardo, quien en su último día como entrenador de River, envió un mensaje contundente:
Teníamos que resguardar nuestra integridad y dignidad. En un país donde todo se sospecha, donde todo es tan mezquino, donde todo parece vacío de valores, nosotros desde el fútbol, tenemos la posibilidad de sembrar semillas que signifiquen que se puede tener respeto y dignidad por la profesión, por la pasión y por el fútbol. “Más allá de haber beneficiado a nuestro eterno rival. Es un orgullo tener esta paz interna”. Estoy muy contento, concluyó Gallardo.
El fútbol, el juego infinito, en palabras de Jorge Valdano, esta semana nos trajo muchas luces, muchas enseñanzas, muchas alegrías. El mensaje de Gallardo rompió la monotonía. Abrió el debate. ¿Qué debió hacer River? ¿Qué debió hacer Armani?
La historia de la humanidad se cuenta por mundiales. Ya viene Catar 2022. Lo mejor está por llegar