Días atrás, en una discusión emitida por una reconocida emisora del país, escuché la queja generalizada de importantes líderes políticos -los mismos-, sobre cómo se vienen desvaneciendo los partidos tradicionales, que antes agrupaban a los supuestos “ciudadanos”. Todos abogaban por que esas colectividades volverían a robustecerse. No obstante las evidentes desbandadas de las toldas políticas, que ellos mismos lamentaban, insistían con rotundos argumentos sobre la imposibilidad de la disolución de los partidos. En clara contradicción con la tesis que en coro pregonaban, a renglón seguido pronosticaban que era el momento de las coaliciones.
A ninguno de ellos, ni siquiera a los oyentes que intervinieron luego en la polémica generada, se les ocurrió...