Cuenta él mismo en una entrevista con la BBC, que en 1960 después de haber sido campeón en los Juegos Olímpicos de Roma, el boxeador estadounidense Mohammed Alí fue sacado de un restaurante por ser negro. Todo este movimiento mundial que ha suscitado la muerte de George Floyd, es una voz por el derecho a existir, que curiosamente se levanta en uno de los momentos de la historia reciente en los que la existencia de la humanidad se ve comprometida.
Esta situación nos debe llevar a pensar: ¿Es el derecho a la vida y a existir, más importante que el derecho a las libertades, o es al revés? Considero que esta pregunta no sólo aplica para hablar de inclusión sino de otros temas: desde “la presunción de capacidad”, a partir de la decisión que tomó Colombia recientemente de eliminar el concepto de interdicción para los casos de personas en condición de discapacidad intelectual como síndrome de Down, el uso de los datos por parte del Estado (a propósito de la pandemia), el debate que está hoy frente a la cadena perpetua para violadores de niños, o el proyecto que cursa en el Congreso para restringir la violencia contra los menores, el porte de armas y, por supuesto, el debate contra el racismo.
En el mundo existen más de mil quinientos millones de personas negras, algo así como el 20 % de la población mundial. En Estados Unidos son el 13 % de la población, para el caso específico de Floyd: ¿Está el derecho a la libertad y a la seguridad de los agentes de policía y de todos los ciudadanos de EE. UU., por encima del derecho a la vida y a la existencia?
El año pasado fue aprobada en Colombia la supresión legal de la interdicción para las personas en condición de discapacidad intelectual como síndrome de Down. ¡Siquiera lo hicieron! ¿A cuenta de qué los padres y cuidadores de estas personas podrían decidir sobre si eran esterilizadas, o si podrían casarse? El mismo análisis aplica para hablar de los casos en los que se vulneran y los derechos de poblaciones protegidas como los niños.
¿Será que estamos escondiendo bajo el derecho a las libertades nuestra necesidad sobre un consenso ético en el cual respetemos la vida ante cualquier cosa? Yo entiendo perfectamente la naturaleza de que los datos de las personas deben de tener restricciones, pero ahora frente a las estrategias para el manejo del coronavirus: ¿A cuenta de qué, las personas que se han abstenido de dar sus datos en las diferentes plataformas para el cerco epidemiológico, están decidiendo sobre la vida de todas las personas?
La historia reciente de la humanidad cuenta con espejos para considerar los efectos del racismo y de anteponer cualquier otra cosa al derecho a la vida: el holocausto judío, Sudáfrica y el eliminado régimen de segregación racial, Apartheid, la guerra de los Balcanes o el genocidio en Ruanda.
En todos los casos, los argumentos de odio estaban fundamentados en cosas inventadas por una minoría, o cadenas de odio con raíces históricas. Pero en ningún caso, razones objetivas.
¿Será tan difícil reconocer el derecho de unas y otras personas, a existir?