Con alto grado de escepticismo llega el país a votar este próximo domingo. A decidir quiénes formarán ese mal necesario que es el Congreso y quiénes harán parte de la baraja incompleta de candidatos presidenciales.
El escepticismo en que vive el país ha llevado a que mucha gente se haya ido acostumbrando a dudar del Estado, de las instituciones y de las personas que las presiden. Un escepticismo reflejado en las encuestas de opinión —85 % con mala imagen del parlamento— que lleva a que la gente siga concurriendo a las urnas por simple inercia, sin convicción alguna de que los elegidos ayudarán a modificar el esclerótico andamiaje institucional colombiano. Votantes que guardan pocas esperanzas de que se legisle, por ejemplo, para modificar radicalmente la Justicia, ausente desde que los compadres del candidato presidencial que encabeza la intención de voto, en punible ayuntamiento con los capos de la mafia, asesinaron en 1985 a los últimos magistrados que en Colombia inspiraban respeto.
Con marcada incertidumbre sobre el futuro nacional, se acude a las urnas este domingo. Se votará para Congreso y consultas de coaliciones políticas, con el convencimiento de que hay algunos candidatos honestos, así como otros que parecerían llevar en su ADN la indecencia. No faltan quienes en las listas son simplemente herederos o marionetas de aquellos que, por diversas condenas o investigaciones delictivas, no pudieron aspirar a su reelección.
El escepticismo, expresado en todos los sondeos de opinión —empresas encuestadoras que este domingo presentarán en las urnas sus exámenes para validar su idoneidad—, se agrava cuando se percata de un populismo con posibilidades de apoderarse del poder para dinamitar el sistema de libertades económicas, políticas, culturales, sociales. Que evidencia ante la opinión pública la carencia de líderes que convoquen, de partidos coherentes y sólidos que se asocien, para que tengan poder y convicción de salvar una democracia, por imperfecta que sea. Mira el ciudadano con desconsuelo la vigencia de vanidades y arrogancias en unos dirigentes que buscan pactos simoníacos para pasar cuentas de cobro políticos, por más que se hunda el país. Que enfrían la creación de una alianza antes de la primera vuelta presidencial para enfrentar con un solo candidato al populista del Pacto Histórico, sin percatarse de que aplazarla para la segunda vuelta podría ser no solo tarde, sino electoralmente inexistente...
Reconstruir sociedad, Nación con andamiajes jurídicos sólidos que recupere la confianza institucional, es un compromiso ineludible del votante que comparte la civilidad y la libertad como principios. Que repudia la demagogia, la lucha de clases, el revanchismo social como banderas electorales. Ojalá la conciencia prime sobre el sectarismo a partir de hoy, más que para escoger congresistas, para ir trazando el mejor modelo de aspirante a la presidencia. Hoy debería ser el comienzo de una responsabilidad ciudadana para que prime la sensatez y se repudie en las urnas las falsas propuestas populistas, extremistas y de vendedores de ilusiones