“¿Eres nuevo en la ciudad? ¿Estás trabajando remoto? Eres una p*ta plaga y los locales te odian. Lárgate”, decía una pancarta que se volvió viral en Roma, Ciudad de México, uno de los muchos barrios de la capital mexicana que han sido invadidos por “nómadas digitales”. Al igual que ha ocurrido en otras ciudades víctimas de la “turistificación” como Barcelona o Florencia, los chilangos se quejan de que los extranjeros que llegan a gastar en dólares están presionando al alza los arriendos y el costo de vida, por lo cual ha habido múltiples protestas e iniciativas para regular este tipo de estadías.
¿Suena familiar? Pues probablemente sí, porque Medellín es la ciudad que le sigue a CDMX en América Latina como el lugar que más recibe nómadas digitales según Nomad List, una comunidad que monitorea las visitas y califica los mejores sitios del mundo para trabajar remoto. Por su inmejorable clima, bajo costo de vida y buena vida nocturna, Medellín aparece consistentemente entre las ciudades más codiciadas por los nómadas digitales, compitiendo ya en escalafones globales: Medellín ya es el destino de Latinoamérica que más visitas recibe si ajustamos la cifra por número de habitantes, una tendencia que sigue acelerándose.
“Efecto nómada: en Medellín los arriendos están subiendo por encima de la inflación”, tituló un artículo Forbes Colombia relatando una queja común entre los habitantes de Laureles, El Poblado o Envigado, los lugares más deseados por los extranjeros dentro del Valle de Aburrá. Muchos conocemos a alguien al que le han subido el arriendo más del 50%, que no consigue apartamento o que no le renovaron el contrato de arrendamiento porque el propietario se dio cuenta de que podía ganar más dinero alquilándolo en Airbnb. Ya hay calles en barrios como Manila donde solo se ven gringos en bermuda y chanclas.
Tengo cero pruebas, pero cero dudas: la llegada masiva de extranjeros está encareciendo el costo de vida en las zonas más apetecidas de la ciudad. ¿Gentrificación? No estoy completamente seguro, siendo estrictos en las definiciones, pero lo que sí creo es que Medellín está condenada al desarrollo de dos economías distintas que se moverán en paralelo: una en pesos para los paisas y otra indexada en dólares para los extranjeros. La intersección de estas dos economías generará un importante y positivo derrame económico, al igual que muchas oportunidades de empleo, pero al mismo tiempo traerá varios retos. El encarecimiento del costo de vida es apenas un síntoma. ¿Cómo manejará la ciudad esta coyuntura?
Esta la posibilidad de que se facilite la ampliación de la oferta de vivienda, que se generen empresar alrededor de proveer servicios al extranjero, que se explote el potencial de capital del entretenimiento de la ciudad y que surjan otras industrias para capturar simbióticamente el valor de esta nueva “popularidad” debido a lo costo-eficiente que es Medellín. Podríamos ser un caso de éxito.
O está la posibilidad de que no hagamos nada, y que dejemos que sigan dándose algunos fenómenos nocivos que ya vemos: gringo parties y redes de explotación sexual, falta de claridad en las reglas para arrendamientos de corto plazo por Airbnb, museos de Pablo Escobar sin interlocución de la Alcaldía o la proliferación de un turismo de “Sodoma y Gomorra” donde la prostitución y las drogas muchas veces son la norma.
Si no tomamos las medidas correctas para aprovechar nuestro potencial, las protestas ocurriendo en Ciudad de México contra los extranjeros podrían volvérsenos familiares....