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Adriana Correa Velásquez
Columnista

Adriana Correa Velásquez

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Mirar la muerte como
un despertar psicodélico

Por Adriana Correa Velásquez - adrianacorreav@atajosmentales.com

¿Sería importante para ti que nos casáramos? Se lo preguntó el hombre de 76 años a su pareja Marla, con la que llevaba conviviendo 11 años. Ella dijo que sí y se casaron en la sala de su casa con sus hijos y nietos como testigos. A él, le acababan de diagnosticar un cáncer terminal. Con suerte llegará a octubre. Pero que este hombre de casi dos metros y pelo plateado, nacido en El Cerrito, California, ahora se enfrenta a la muerte, es una situación singular.

Roland Redmond Griffiths lleva años liderando algunos de los ensayos clínicos más importantes en pacientes que se enfrentan al final de la vida con un diagnóstico de cáncer. Dirige el Centro de investigación psicodélica y de la conciencia de la facultad de medicina de la universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos. En sus estudios, cientos de pacientes han reportado una y otra vez combatir el miedo existencial a la muerte después de haber ingerido psilocibina, el componente activo de los hongos mágicos y el psicodélico con el que más ha trabajado este académico.

Griffiths estudió psicofarmacología y la mitad de su vida la dedicó a investigar y a publicar artículos sobre la adicción a drogas legales e ilegales, hasta que a sus 48 años le presentaron la meditación. Con esa práctica sintió una experiencia mística, un extraño tipo de despertar, que no encajaba con lo que podía explicar como científico ni de lo que podía hablar a sus colegas. Lo que hacía dejó de tener sentido. Había algo más allá de la visión del mundo material, algo sobre el misterio de la conciencia que lo cautivaba. Doce años más tarde, en 2006, publicó un artículo que lo revolcaría todo. En esa pieza introdujo las palabras “místico” y “espiritual” al lado de la ciencia. La psilocibina puede ocasionar experiencias de tipo místico con un significado sustancial y sostenido y una gran importancia espiritual, se llamaba el trabajo. El mundo académico acogió el estudio que se convirtió en hito porque su enfoque no se centraba en los efectos terapéuticos de estas sustancias, sino en los efectos espirituales. Y esa fue la ventana para que años más tarde, Griffiths insistiera en probar los psicodélicos para paliar el miedo al final de la existencia.

Ahora que este pionero se enfrenta a su propia muerte, dice que se siente como en un estado psicodélico por la plenitud con la que vive cada uno de sus días. Tomó LSD hace poco y se preguntó si el cáncer iba a matarlo: “La respuesta fue sí, vas a morir, pero todo es absolutamente perfecto, hay un significado y propósito en esto que va mas allá de tu comprensión”, contó Griffiths en una reciente entrevista para The New York Times. “...Deberíamos sorprendernos de estar aquí cuando miramos a nuestro alrededor, de la exquisita maravilla y belleza de todo. Hay una razón para celebrar que estamos vivos y es que tenemos otro día para explorar lo que sea este don de ser conscientes, de ser conscientes de que somos conscientes. Ese profundo misterio del que sigo hablando”.

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