Históricamente, a la par de fuerzas económicas, principios políticos y vaivenes sociales se han movido fuerzas escatológicas, maléficas y esclavizantes unas, buenas y liberadoras otras.
La lucha por el poder frecuentemente invoca energías oscuras, sobre todo cuando el impulso ideológico se inscribe en una doctrina de odio, como es el caso del comunismo. El intento de “santificación” de un asesino, secuestrador, torturador, con más de 200 años de condena a cuestas y que ahora nos quieren presentar como el defensor de los humildes, es un asomo de lo que nos corre pierna arriba.
Homicidas contumaces y ahora con aires de caciques omnipotentes, los cabecillas farianos deambulan con ese aliento de intimidación que los identifica. En carrozas blindadas...