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Manuela Zárate
Columnista

Manuela Zárate

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Lo sé porque lo viví

Por manuela zárate

@manuelazarate

Los gobiernos totalitarios y las relaciones abusivas tienen en común que intentan abarcar toda el alma de una persona. Llegar al fondo de lo que piensa, lo que siente y controlarlo. Y cuando no lo logran recurren al daño físico. Es una de las lecciones más dolorosas que he aprendido en mi vida. Las aprendí porque las viví.

Tomé la decisión de irme de Venezuela el día que me di cuenta que sentía las mismas cosas que sentí mientras viví en una relación abusiva. Esa sensación de no ser nadie. De valer nada. De ir perdiendo la voluntad poco a poco. Esa sensación familiar de pérdida de autonomía, de poder, de identidad, de resquebrajamiento de mi propia condición humana venía de algo muy profundo en mí. Algo que ya había visto, vivido, sentido, padecido, pero que no había superado. Una vida en la que la humillación es cada vez más la norma y la voluntad cada vez más la excepción. Una vida en la que no cuentas. No existes. Y en la que otro define quién eres y cómo debes vivir la vida.

Cuando me di cuenta de esa similitud me aterré. He pasado varios años pensando cómo escribir sobre el tema. Es que quien ha vivido, sobrevivido y quizás superado una relación abusiva sabe lo mucho que cuesta, los años que tarda, lo hondo de las heridas. Lo más duro de una relación abusiva no es que sanen los golpes. De hecho de abuso físico no supe mucho, pero de abuso emocional sí que sé porque lo padecí durante años. A diario mi pareja se esforzaba en recordarme que yo servía para nada, que si tenía chance en la vida porque estaba con él.

El que no lo ha vivido cree que es cualquier cosa. Que con plantarte firme y largarte tienes, pero quienes lo hemos vivido sabemos que un abusador es un intruso en el alma. Te manipula y te controla como si tuviera una pistola apuntando tu sien, sólo que esa pistola eres tú. Imagínate lo que es ser el arma de tu propia destrucción.

Pues así son las dictaduras. En el fondo tú decides. Si hablas y te arriesgas o si callas y te salvas. Si protestas y te inmolas o si te guardas y vives. Al final para controlar un país entero lo que hay que hacer es aterrorizar a millones de personas convenciéndolas de que valen nada. De que la muerte en vida es una forma de sobrevivir y dentro de ese horror pequeñas nimiedades que son puros espejismos de libertad hacen que la vida valga la pena.

De allí que las dictaduras, los gobiernos basados en el terror lo primero que nos quitan son los sueños y todo aquello que nos haga soñar. Como los libros. Mucho antes de acorralar el cuerpo, acorralan mente y corazón. A partir de entonces cada uno es su propio carcelero y así unos pocos controlan a millones. Por eso es que yo comparto libros. Porque quien sueña a diario y sueña siempre nunca se deja dominar por nadie. Lo sé porque lo viví.

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