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Ramiro Velásquez Gómez
Columnista

Ramiro Velásquez Gómez

Publicado

Las canchas del desdén

Por RAMIRO VELÁSQUEZ GÓMEZ

ramirovego@gmail.com

Pensaba uno que en esta campaña al fin se iba a hablar de las regiones, su olvido eterno del Estado y su atraso, pobreza y falta de oportunidades. Pero no, es más de lo mismo. Las promesas vacías de siempre, desenfocadas porque no conocen esas regiones adonde van a hablar lo que en buen parroquiano se llama pura paja.

Aterra, así, la propuesta de Enrique Peñalosa de llenar el Pacífico de canchas sintéticas. Es su idea de desarrollo, para que haya más futbolistas negros que semejen representar a un país africano, como insinuó.

Es inconcebible que a estas alturas no se conozcan las necesidades de cada uno de los territorios olvidados (más del 50 % del país) para llegar con ideas, propuestas concretas. Peñalosa también habló de carreteras, pero ¿cuáles, es que no sabe cuáles se requieren? (Habría que preguntarle en qué sitio de Bojayá le parece mejor la canchita).

Igual, otro precandidato fue a Tumaco esta semana a pintar pajaritos en el aire.

Un centralismo asfixiante. Bien respondió la precandidata afrocolombiana, Francia Márquez, que es “imposible pensar en un desarrollo en nuestros territorios desde Bogotá”.

No solo Bogotá. Desde las capitales también se dispone de la suerte de las periferias y sus habitantes. En Medellín se ordena lo que necesita Urabá (¡tres puertos en pequeña región!), sabido que poca riqueza generan donde se construyen (el dinero pasa de largo y, si no, que hable Buenaventura).

Como explica el historiador Jorge Orlando Melo, el choque entre intereses económicos y entre el atraso de regiones remotas y pobres y la lógica de las grandes ciudades se resuelve con regalías, auxilios y transferencias, a más de la promoción de actividades que se ven como benéficas (la reforestación, nuevas formas de agricultura). Una lógica que alimenta la corrupción.

“En las cuatro ciudades más importantes [...] el desdén es la estrategia preferida para lograr manejar el resto del país”, escribía Julio Carrizosa, experto en complejidad ambiental, en Colombia Compleja.

No entienden la periferia. La piensan con gentes incapaces urgidas de recibir las “dádivas” que los “instruidos” de la capital les planean desde oficinas a cientos de kilómetros, muchas veces como proyectos extractivistas que, en general, funcionan como los puertos: el dinero coge para otros lados.

No comprenden la complejidad de cada región. Como si todo fueran canchas y cemento. Se ignora la complejidad del individuo y de las sociedades que mencionaba Carrizosa Umaña.

Paracaidistas con promesas insulsas que solo indignan más a los millones de esa Colombia olvidada.

Maullido: ya el mundo sabe cómo gobierno de Iván Duque viola derechos humanos  

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