Dinamarca es hoy en día un país desarrollado y muy rico. Pero a semejanza de las repúblicas bananeras o cafeteras de estas latitudes, comenzó a desarrollarse como un país exportador de bienes agropecuarios. “Era una república de mantequilla, dice Paul Krugman. Sostiene además que es un ejemplo que puede enseñar dos lecciones: una esperanzadora historia de globalización y otra aún más destacada de crear una sociedad decente. (“Notes on a Butter Republic”, New York Times, agosto 8/18). Basado en la misma fuente fue publicado en El Tiempo del viernes pasado un comentario de Manuel Guzmán-Hennessey bajo el título de “Krugman y Dinamarca” con un énfasis distinto al de esta nota, afortunadamente.
Krugman dice que en la primera ola de globalización,...