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Alberto Velásquez Martínez
Columnista

Alberto Velásquez Martínez

Publicado

La frescura de los cínicos

Por alberto velásquez martínez

redaccion@elcolombiano.com.co

Severa la justicia en el Perú. Cursan rigurosos juicios -sin dejarlos morir en la impunidad- contra expresidentes acusados de corrupción. Algunos ya están presos. Ahora pide a EE.UU. la extradición del exmandatario Alejandro Toledo. Aumenta el sindicato de exjefes de Estado latinoamericanos que tienen las manos untadas de dineros sucios de Odebrecht.

Colombia, que no podía estar por fuera de esta turbia asociación para delinquir, aporta actores que contribuyeron con sus audacias a la reelección presidencial de Santos. Millonarios contratos ficticios para nutrir la campaña reeleccionista, dan manivela a la rueda de corruptelas. Apellidos como San Miguel, Díaz, Moreno, Portilla, Prieto, alegran la comparsa de los intereses creados. Irrumpe en la danza el señor Martorelli, expresidente de Odebrecht en Colombia, quien ante la Fiscalía juró que esa firma hizo jugosos aportes a la campaña del Nobel de Paz criollo.

Como actores de reparto en ese escenario de la danza de la millonaria fortuna, aparecen congresistas, corifeos del anterior régimen. Ellos completan la nómina de prestidigitadores de la contratación y del corretaje. Se contabilizan grandes sumas de dineros circulando por las cloacas de contratos ficticios con el Estado. “En los sótanos del Senado -según dice el periódico El Tiempo- se habrían reunido congresistas de la Unidad Nacional a delinear la estrategia para ganarle a Óscar Iván Zuluaga, que aventajó a Santos en la primera vuelta por 458 mil votos”. Y agrega el diario liberal: “el 9 de junio de 2014 llegó el pago por parte de una fiduciaria por 3.894 millones de pesos...”, suma consignada en la cuenta de un alzafuelle de la trama fraudulenta, que debió transferirla inmediatamente al respectivo calanchín de la campaña liberal. En suma, rostros ocultos y algunos ya identificados, escandalizaron este convite por donde transitaron millones de pesos para comprar la reelección de 2014.

El país espera que Santos hable. No solo para decirle al país en qué consiste el Honoris Causa en ciencias sociales que le dieron en Londres -en un país en donde la inequidad es proverbial-, sino para explicarle a la nación, cómo y en cuánto lo mancharon los dineros de Odebrecht. Que no repita lo mismo que sostuvo cuando se denunciaba el escándalo de la firma brasilera, de que si tales dineros penetraron a sus arcas, “acababa apenas de enterarse”. Esa disculpa, tan poco creíble, hacía recordar la desvergonzada de su copartidario Samper cuando el Elefante del cartel de Cali entró a punta de trompadas a enlodar su campaña, de que eso “había sido a sus espaldas”. Dios los cría, y ellos se juntan.

Como nuestra justicia es diferente en rigurosidad a la del Perú -en donde se aplica la ley con severidad para los expresidentes-, intuimos que nada sucederá. Pronto morirá un escándalo más. Y el Nobel de Paz y ahora Honoris Causa de las muchas escuelas de ciencias sociales londinenses, seguirá moviéndose por Latinoamérica dictando conferencias sobre corrupción con esa frescura, propia de los cínicos.

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