Por Jesús Orlando Chavarria H.
Corporación Universitaria Americana
Facultad Contaduría P. 3° semestre
chavarriajesus387@gmail.com
Es en estos días cuando, en mis ratos libres, en medio de una tarde un tanto friolenta y tras los vertiginosos acontecimientos que, de manera lamentable y totalmente rechazables, suceden en los puntos intrínsecos de uno de los países caracterizados por su multiculturalidad, su fauna y vegetación, me pongo a pensar y a recordar a un docente de mi primer semestre de mi carrera universitaria, cuando nos hizo debatir sobre tal obra con un alto valor cultural e histórico para el país, ¿Donde está la franja amarilla?, de William Ospina.
Esa pregunta es la que me gustaría trasladar a la sociedad actual. No entiendo el porqué del retorno de la violencia. No comprendo los asesinatos de distintos líderes sociales que, de manera totalmente voluntaria, deciden aportar un granito de arena a la construcción de un país edificado, garante de igualdad tanto económica como social y cultural.
No asimilo los atentados terroristas en el centro de la capital, fulminando la vida de jóvenes inocentes. ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?
Parece mentira que, después de un gran abanico de años, Colombia esté viviendo un espejismo. Es incomprensible que un grupo minoritario de personas decidan seguir manchando de rojo el diario vivir, medios periodísticos y, en general, el corazón de las personas.
Muchas serán las razones por las que estos actos aún no pueden ser parte del pasado del país. ¿Será la política, ¿será la justicia?, ¿será el egoísmo? Lo único cierto y demostrable es que, al día de hoy, no hay una teoría confiable que acredite el porqué de la sucesión de estos actos que tanto daño hacen a cada corazón situado en este país. Entonces, pues, me sigo preguntando ¿dónde está la franja amarilla?.
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