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Todos los países democráticos de América, debemos rodear y apoyar al pueblo venezolano en su ansia de preservar su manifiesta voluntad democrática y rechazar las acciones en contra de los resultados de unas votaciones que muestran claramente lo que quiere ese pueblo.
Por Juan Gómez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co
Los colombianos amanecimos el viernes pasado con un mal vecino conocido. Esperábamos que Venezuela le diera posesión al presidente elegido por el voto popular, como debe ser en todas las democracias, pero cuando se trata de dictaduras, la cosa es bien distinta, el presidente en el poder decide si continúa o cumple con el deseo mostrado por el pueblo con el voto o, por el contrario, se apoltrona de nuevo en su cargo como hizo el dictador Maduro.
Para Colombia es un dolor de cabeza, es un mal ejemplo para nuestra democracia, es un peligro para las relaciones diplomáticas entre los dos países hermanos desde la independencia de España.
Respetamos la decisión del pueblo venezolano en las elecciones presidenciales anteriores, como también esperábamos el respeto por su decisión de cambiar el rumbo del gobierno en las últimas elecciones. La extrema izquierda es así, para ella no hay respeto por el deseo expreso del pueblo, si es que ese pueblo se manifiesta de manera distinta a sus deseos.
Lo sentimos por nuestros hermanos venezolanos, los hemos recibido con todo el cariño, como hermanos que somos, y los seguiremos recibiendo hasta cuando la decisión del pueblo sea respetada y puedan volver a su tierra sin peligro alguno.
Los organismos internacionales se tienen que manifestar, para que la democracia en cualquier país dentro de su órbita de acción sea respetada. De otra manera, estaremos sometidos a violaciones graves de la decisión de un pueblo hermano. La democracia se debilita al ver que la voluntad de una comunidad se viola y se desconoce esa voluntad.
Venezuela y su comunidad, merecen que los pueblos hermanos seamos solidarios y los apoyemos en su deseo de fortalecer la democracia y así, no permitir que se tergiverse y ese deseo sea violado.
Todos los países democráticos de América, debemos rodear y apoyar al pueblo venezolano en su ansia de preservar su manifiesta voluntad democrática y rechazar las acciones en contra de los resultados de unas votaciones que muestran claramente lo que quiere ese pueblo.
Que el gobierno de turno, que convocó a unas elecciones libres y democráticas, cumpla y respete la decisión de un pueblo que se ha manifestado dentro de las reglas propuestas por ese gobierno, que ahora trata de desconocer la voluntad de su gente que se ha sentido golpeado por el manejo del actual gobierno.
Nuestros hermanos venezolanos tienen que sentir el apoyo y solidaridad de nosotros, que hemos compartido una historia común, desde la época de la conquista y la independencia que el venezolano y padre de la patria, Simón Bolívar, nos brindó con su sacrificio y riesgo de su vida.