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Recuperar la confianza desde el sentido común

18 de febrero de 2025
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  • Recuperar la confianza desde el sentido común

Por Juan David Ramírez Correa - columnasioque@gmail.com

Desde hace varios años, reconstruir la confianza se ha convertido en una tarea titánica. ¿Por qué? Porque los nuevos patrones de interpretación del mundo, alimentados por la polarización, la política de descalificación y la desinformación, cogieron ventaja.

El Barómetro de Confianza Edelman, la mayor encuesta global sobre el estado de la confianza, refleja la batalla de la sociedad y las instituciones contra la pérdida de confianza. Los datos muestran su deterioro y las pírricas ganancias que ha tenido a lo largo de los últimos años. Al final, lo que nos dice este monitor es que la desconfianza habita en el mundo.

A raíz de la pandemia, la desconfianza se incrementó por la agudización de problemas sociales estructurales como la desigualdad y el fraccionamiento social. La hipersensibilidad hizo al mundo más intolerante y la capacidad de las sociedades y los gobiernos para resolver los conflictos internos estiró la cuerda, llevando a la gente a altos grados de desesperación e incertidumbre.

Además, tendencias como el wokismo estiraron la cuerda hasta un punto donde la conceptualización de las cosas se convirtió en algo incomprensible. El hiperliberalismo y el garantismo extremo sobrepasaron las consideraciones de la realidad. El absolutismo y la visión polarizada ideologizaron mentes y bocas con una moral de nivel superior amordazadora para quienes discrepan.

¿Consecuencia? Una cultura de cancelación. Ejemplos abundan. Piense en la petición de no usar la palabra field (campo), alegando que a los afroamericanos les evoca los campos de algodón y, por ende, a la esclavitud. Cosas así crearon imaginarios que tergiversan la realidad.

Todo esto genera desconfianza profunda de todos con todo y queda de manifiesto la percepción de que no hay forma de cambiar puntos de vista. Llegamos al punto de los activismos intolerantes, que consideran que quien no comparte esa perspectiva sobra en el mundo.

Entonces, la vara del juzgamiento es la que manda. Se juzga porque se desconfía del otro y se cree en verdades únicas que lo descalifican hasta la nulidad. Sin más ni menos, se fortaleció una competencia nefasta del ser humano: el considerar inviable lo que el otro dice. Ahí es donde la cultura de la cancelación hace su deprimente tarea.

El filósofo español David Pastor Vico, en su libro Ética para desconfiados, dice: “Una sociedad profundamente desconfiada también es una sociedad profundamente irresponsable”. Adela Cortina afirma que la confianza es la única posibilidad ética.

Si no hay confianza, no hay ética y si no hay ética, no hay relación entre los seres humanos y sus instituciones. No hay posibilidad de vivir en una sociedad desconfiada. Eso sería un acto irresponsable.

Esto ha hecho que se vaya al traste lo que podríamos llamar el sentido común colectivo, porque perdimos la capacidad de pensar y proceder hacia el bien común, por más que unos u otros tengan ópticas disímiles de las cosas.

El sentido común debería ser la herramienta intuitiva para tomar decisiones lógicas, prácticas y sensatas que resuelvan problemas simples y complejos. ¿Será viable volver al sentido común para enfrentar desafíos cotidianos sin desconfiar del otro, pero respetando las diferencias individuales y culturales?

Si pensáramos más en el sentido común habría más adaptación social y confiaríamos que los otros pueden hacer algo que servirá y aportará, porque se hacen responsables de lo que dicen y piensan.

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