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Clara Presman
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Industria textil: mirar la letra pequeña

Por

Clara Presman

redaccion@elcolombiano.com.co

Seis euros diarios es el salario medio en el mundo para quienes confeccionan ropa, en un sector que mueve a diario 34.000 millones de euros solo en Europa. Pero llegan las rebajas y las colas de las grandes tiendas se extienden hasta la calle. Corremos desesperados y nos preguntamos si todavía estará esa camisa que la semana anterior costaba el doble o el triple. Pero no nos preguntamos por qué las empresas textiles pueden disminuir el precio de las prendas de manera radical y aun así obtener ganancia. Será que no preguntamos o que no lo queremos saber.

La Coordinadora Estatal de Comercio Justo (CEJS) presentó el informe “Tira del hilo”, investigación que pretende aportar información sobre algo que la mayoría sabemos: que la mayor parte del dinero con el que pagamos la ropa de las grandes marcas termina en manos de multinacionales, mientras los trabajadores que tejieron esas prendas intentan sobrevivir con salarios indignos.

A partir de los años 70 comenzó un proceso de deslocalización industrial que les permitió a grandes empresas multinacionales llevar su producción a sitios a donde los salarios son más bajos, las condiciones laborales más precarias y los sindicatos más perseguidos. Mediante las cadenas de subcontratación las multinacionales deslocalizan la producción y también el riesgo. Producen bajo condiciones laborales deplorables y provocan grandes daños medioambientales. Quizás no manejemos cifras exactas de la explotación que sufren miles de personas a causa de la industria textil, pero sabemos de qué se trata.

Ante este panorama, las organizaciones sociales que trabajan por los derechos laborales sostienen que la única forma de avanzar sobre esta problemática es imponer marcos jurídicos de carácter internacional y vinculante, que obliguen a las empresas a hacerse responsables de la producción que subcontratan sin importar el país a donde se asienten.

La diferencia fundamental entre el Comercio Justo y el tradicional es el objetivo. El fin del comercio convencional es solo ganar dinero mientras que el Comercio Justo hace negocios para apoyar a las personas involucradas. En el Comercio Justo las personas son un fin, mientras que en el convencional los trabajadores son solo un medio para ganar dinero. A su vez el Comercio Justo es un modelo empresarial sostenible donde todos los actores de la cadena de valor, desde el cliente hasta el productor, contribuyen a la sostenibilidad. Es la única red comercial en la que todos los intermediarios están dispuestos a reducir sus márgenes de ganancia.

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