El primer episodio de la defensa de Stalingrado tuvo como protagonistas a un grupo de mujeres. Todo empezó el 23 de agosto de 1942. Los habitantes de Stalingrado disfrutaban del buen clima, haciendo picnics cerca del centro de una ciudad que se había ido sumiendo en el pánico. Sabían que para las fuerzas alemanas era fundamental cruzar el Volga para lograr así partir la URSS en dos y tomar la línea de abastecimiento de los Estados Unidos por Persia.
Todo Stalingrado participó en la preparación para el ataque. Incluso niñas y mujeres fueron reclutadas para cavar trincheras antitanque con el fin de proteger los depósitos de combustible a lo largo del Volga. Los alemanes avanzaban y Hitler había apurado el ataque. Mientras, Stalin temiendo que no podría detener a Hitler luego del desastre de Moscú había aplicado una orden conocida como “Ni un paso atrás”. Esa orden iba en contra de todo aquel que sembrara el pánico o la cobardía en el ejército o en la población y determinaba su ejecución inmediata.
Ese 23 de agosto los habitantes de Stalingrado, a pesar de las preparaciones no imaginaron que los alemanes estaban tan cerca hasta que los altavoces sonaron la alarma de bombardeos y la batería antiaérea comenzó a disparar.
Las bombas incendiarias y los ataques a depósitos de petróleo que estallaron en inmensas bolas de fuego incendiaron la ciudad. Mil toneladas de bombas cayeron sobre Stalingrado. Se estima que murieron 40.000 personas en el ataque aéreo que duró dos días y se considera el más grande del frente del este.
Una división panzer, (tanques alemanes) estaba muy cerca del Volga cuando recibió un ataque fuerte de batería antiaérea. Esta batería estaba operada por mujeres, en su mayoría estudiantes que pelearon hasta que las mataron a todas. Cuando los comandantes de los panzers descubrieron los cadáveres de las jóvenes se sintieron perturbados, pero a la vez los alemanes sentían que habían llegado al punto que los conectaría con Asia y que la guerra estaba ganada.
Hitler consideraba que la toma de Stalingrado definiría la guerra. Y en este momento de 1942 la Gran Alianza entre Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética pasaba por una crisis en la que cada país buscaba imponer su estrategia militar, la necesidad de salvarse y ganar la guerra, además de las presiones políticas internas. Stalin quería abrir un Segundo Frente, Churchill quería invadir el Norte de África, los americanos no querían.
En aquellos momentos realmente parecía que la
atrocidad podía ganar. Batalla tras batalla lo que quedaba era devastación e incertidumbre. Si Hitler perdió la guerra fue por su soberbia y sus errores, pero también por las alianzas que los demás poderes lograron hacer en su contra. Entre tantos factores no se pueden olvidar los de tantos individuos que dieron sus vidas por la libertad. A ellos también les debemos no olvidar las lecciones del Siglo XX. Las grandes proezas de la Historia están llenas de las historias de héroes anónimos.