Cierto que la situación del mundo no invita al optimismo ni a la tranquilidad. Con individuos ególatras como el lunático Trump, el artero Putin y el ya vitalicio Xi como máximos acumuladores de poder. Pero todavía no hay nada demasiado trágico ni absolutamente irremediable. No existen guerras de entidad, y eso ya es mucho teniendo en cuenta cuál es la empecinada historia de la humanidad. Numerosas familias viven en la pobreza o están a punto de caer en ella, pero tampoco hay una hambruna generalizada (hablo sólo de nuestros países occidentales).
Y sin embargo, desde hace por lo menos un lustro percibo en la gente un estado de exasperación al que personalmente no veo mucha justificación. Lo percibo a nivel colectivo y a nivel individual. He hablado...