Cuando miramos, no solo los currículos, que son más preceptos que respuestas reales a las necesidades de cada entorno, sino, también, la arquitectura a la que se redujeron nuestras escuelas, deducimos que el concepto está equivocado y, por consiguiente, se reducen las posibilidades del aprendizaje. La escena genuina de formación es un campo abierto, con conexión directa con la naturaleza, con la posibilidad, incluso, de involucrarse en el disfrute y cuidado de la fauna y la flora. Repasando la arquitectura de muchas de nuestras escuelas, vemos que son conjuntos de cajones -como containers- con formato reiterado, que sólo sugieren encierro, silencio y disciplina. Los currículos se han vuelto libretos con muchos componentes de relleno, libretos...