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P. Hernando Uribe
Columnista

P. Hernando Uribe

Publicado

El arte de esperar

Por hernando uribe c., OCD*

hernandouribe@une.net.co

Dime qué esperas y te diré quién eres. Aun sin darme cuenta, lo que espero me moldea en cuerpo y alma. Mirar, escuchar, oler, gustar y tocar son actitudes condicionadas por lo que espero. Espero con tanta naturalidad como cuando miro y escucho. Cada gesto de mi vida cotidiana, y también confiar y amar, tienen su fuente de inspiración en lo que espero.

Esperar es aguardar a que suceda lo que quiero, fijando mi atención en lo que todavía no poseo, siendo perseverante hasta el fin. La primera estrofa de La Noche Oscura de San Juan de la Cruz es una formulación espléndida del arte de esperar. “En una noche oscura, / con ansias, en amores inflamada, / ¡oh dichosa ventura!, / salí sin ser notada / estando ya mi casa sosegada”. Dichosa ventura la de dejarme atraer irresistiblemente por lo que me propongo alcanzar.

San Anselmo (1033-1109), gran teólogo, en su famoso libro Proslogion, manifiesta así su arte prodigioso de esperar. “Dios altísimo, ¿qué hará este desterrado, lejos de ti? [...] Enséñame a buscarte, muéstrame tu rostro, porque si tú no me lo enseñas no puedo buscarte. No puedo encontrarte si tú no te haces presente. Te buscaré deseándote, te desearé buscándote; amándote te encontraré, encontrándote te amaré”. Sólo un enamorado es tan elocuente.

La espera condiciona mi vida entera, pues moldea mis sentimientos, pensamientos, palabras y obras mostrándome la meta y manteniéndome vigilante en cada paso del camino. Cuanto más intensa es mi atención, más acierto en orientar los pasos de mi cuerpo y de mi alma en la dirección de lo que espero, mi Creador.

Un día apareció Juan Bautista con este mensaje conmovedor: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas; toda hondonada será rellenada, todo cerro y colina será rebajado, que lo torcido se enderece y que se allanen los senderos escabrosos. Y todos verán la salvación de Dios” (Lucas 3,4). Este asombroso final lleva la espera más allá de todo límite.

Me abismo al preguntarme qué metamorfosis produciría la espera en el alma del apóstol Juan al escribir en su primera carta (1, 3,2): “Ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es”. Lo inimaginable. ¡Los ojos contemplando extasiados al Salvador por toda la eternidad!

Diciembre, adviento y navidad, acontecimientos prodigiosos del arte de esperar. Artista consumado es quien acierta en su modo de esperar, pues aquel a quien espera le muestra de modo indefectible el camino por recorrer.

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