¿Cuál fue el último poema que memorizaste o que leíste en el regazo de alguien? ¿Cuál fue el último libro que leíste en voz alta, solo, o cuál fue ese libro que auspició el encuentro perfecto con alguien y luego, en algún lugar de La Mancha, se recordaron un par de frases o, simplemente, se contempló en silencio la fuerza del libro? ¿Cuál fue el último libro que dejaste como sobrado de tigre: repleto de subrayados, comentarios al margen, ideas que solo tú entiendes?
¿Cuál fue el último libro que leíste sin parar, de un tirón, y te causó un daño “irreparable” en la vejiga porque no quisiste detenerte un segundo para ir al baño?, ¿o qué libro te leíste completo en el baño? ¿Cuál fue el último libro que te hizo llorar bajo esa luz lúgubre del teatro, antes de empezar la función, o bajo esa lamparita del nochero que fue cómplice de tus agobios? ¿Cuál fue el último libro que leíste y del nunca quisiste que alguien se enterara? Hay cosas de mal gusto para otros que a uno lo deslumbran, lo atraen de la manera más cursi y feliz. ¿Cuál fue la última historia que viviste intensamente, por la que te apiadaste de un personaje irrelevante? ¿Cuál fue el último libro de “literatura infantil” que disfrutaste más que aquel niño a quien le leíste la historia? ¿Cuál fue la última receta literaria que preparaste para alguien?
¿Cuál fue la última frase de un libro que anotaste en tu libreta de apuntes o en un papelito que ahora reposa en tu escritorio o en la nevera, y a la que siempre miras cuando bebes el café aromático que empata con otras lecturas? ¿Cuál fue el último libro que leíste con cuidado para no quebrarlo, para que las hojas no volaran una a una? ¿Qué libro inmenso todavía no terminas y por eso ronda tu casa y tu conciencia?
¿Cuál fue la última historia que armaste leyendo un párrafo de aquí y otro de allá hasta darte cuenta de que el azar, la selección espontánea de varios libros, te proporcionaron una historia completa, cargada de sentido que ahora solo tú recuerdas? ¿Cuál fue el último juego que te inventaste mientras leías? ¿Cuál fue el último libro que no terminaste porque no pudiste con la trama ni con las múltiples recomendaciones?
Hoy me hago estas preguntas porque sí, porque para pensar en el universo de los libros no hay que tener ningún pretexto; es más, sin los libros, las preguntas de la vida no valdrían la pena, la existencia perdería intensidad; por eso, cada que tengo alguna incertidumbre, o una alegría, lo primero que hago es abrir un libro, me dejo llevar por los inicios y anido en este sencillo acto la dicha de vivir