¿Cómo te fue en el colegio? Es la pregunta que les hago todos los días a mis hijos. Quienes me conocen y trabajan a mi lado saben que tengo un innegociable, que quizás raya con la obsesión, y es contestarles todas sus llamadas así se den en medio de una reunión o momento laboral. Debo reconocer que tengo un rol que me lo permite, y eso no quiere decir que mi testimonio es una lección para otras mamás o un comportamiento que defina una buena maternidad, sino que es la manera como gestiono mis emociones y estoy presente.
La pregunta con que inicié este escrito esconde el deseo de escuchar, compartir y saber cómo estuvo su día, escarbar sentimientos, descubrir alertas. Oímos con frecuencia, en esta sobredosis de información, historias dolorosas que involucran la salud mental de nuestros niños.
De acuerdo con Medicina Legal este año se han quitado la vida 56 menores de edad en Antioquia, de esta cifra 16 fueron en Medellín, en algunos casos por acoso o retos en redes sociales ¡Qué dolor!
También la pandemia es una causal que nos pasa factura, porque las secuelas del confinamiento, sin colegios, con una convivencia 24/7, carencias, hambre, violencia y miedo, son aún profundas. Si los grandes estuvimos al límite, imaginemos qué experimentaron, con menos herramientas para tramitar esos sentimientos, los más jóvenes y pequeños.
En Colombia una encuesta a 1.300 jóvenes, entre los 12 y los 17 años, del Centro de Investigación, Innovación y Desarrollo (Ceinfes), que se hizo este año, arrojó que “70 % se siente deprimido, triste y con falta de sueño por causa de la ansiedad y el estrés. Además, 30 % declaró tener dificultades para concentrarse en sus actividades diarias”.
Y mientras en la casa tenemos desafíos para gestionar esos cambios, en el ambiente escolar la radiografía también es preocupante. El laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, que mide las condiciones de bienestar escolar, reportó en su informe de 2022 que 77 % de los colegios del país considera que no acompaña adecuadamente las necesidades de salud física, mental y social estudiantil. Adicional está la falta de oferta de profesionales para atender la demanda y la carencia de recursos, en la mayoría de las familias, para financiar tratamientos.
Los colegios no cuentan con suficientes herramientas, recursos y una política pública clara que los acompañe en ese asunto. Las pruebas Saber son un indicador valioso para medir el desempeño en competencias educativas, pero debemos encontrar también cómo monitorear y mejorar los aspectos de salud mental de nuestros niños y jóvenes. Si ellos están sanos mental y físicamente tendrán mejores herramientas y deseos de enfrentar la vida y los retos de conocimiento que se les presentan.
Dime qué sientes, es una pregunta y responsabilidad compartida, entre familias, cuidadores y ambientes escolares. Las enfermedades mentales son quizás el reto de salud pública más invisible que tenemos. Hagamos esa pregunta con frecuencia y pongámosle atención a la respuesta. Está en riesgo la vida y bienestar de nuestros hijos.