Nombres de personajes que antes nos sonaban a decoro, orgullo, reverencia y respeto, hoy los asociamos con barrotes de cárcel, nos suenan a ralea de corruptos, nos dan vergüenza. Lo inevitable es que cuando se ultraja la moral y la ética en las altas esferas, crece, de inmediato y de forma contundente, una sensación de desaliento e impotencia, que se derrama a todos los demás sectores, con ruidoso efecto dominó. Para bien o para mal, querámoslo o no, irremediablemente, todos somos formadores. En cada momento aprendemos de otros y enseñamos a muchos otros. De ahí la enorme responsabilidad de los que tienen extenso espectro de liderazgo. Muchos seres humanos son sensibles a sus actos, a lo que hacen, a lo que dicen, a las opiniones que entregan...