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Es agotadora una discusión con fanáticos de izquierda o derecha. Argumentar con ellos es como hablar con un muro. No se pueden hacer chistes de Petro porque te tratan de “Uribestia”, y viceversa. Convirtieron el humor en un arma de batalla.
Por Dany Alejandro Hoyos Sucerquia - @AlegandroHoyos
Estamos en guerra. No solo en Ucrania, o el Medio Oriente, hablo de otra guerra, una ideológica. Una concepción del mundo en binario. Nos han metido en un conflicto de ideas cuyo campo de batalla principal son las redes sociales.
Con la máscara del diálogo discutimos en la superficie temas humanos sobre la dignidad en los que deberíamos estar todos de acuerdo. Pondré un ejemplo de ambos bandos. Si pongo de uno se convierte en un problema. Los fanáticos son como los niños que comparan raciones cuando la mamá les sirve la comida. En esta guerra hay que ser cuidadosos porque tratarán de llevar la discusión a la forma para que el fondo se evapore.
Por ejemplo: Polo Polo vs. las madres de Soacha. Un argumento derechista es que están siendo utilizadas por la izquierda. ¿Eso es lo importante? Son madres a las que les mataron sus hijos y los hicieron pasar por guerrilleros. Eso lo hizo el Estado. Una tragedia como para enloquecerse. Entonces la distracción es: “dejen de repetir 6.402”, “están manipuladas”. Así se desvía una queja legítima. Así hubiera sido un solo muerto, es un crimen condenable. Perder un hijo es el dolor más grande, si usted no empatiza con eso, hágase ver. En este momento muchos soldados de derecha abandonarán la lectura y dirán: ¡mamerto! Soy optimista y espero que algunos hayan comprendido el punto, y no os preocupéis, ya voy para el otro bando.
En la izquierda siguen calladitos con Laura Sarabia y Benedetti. Después del escándalo de los audios en los que Benedetti decía que iban a caer todos, muchos trataron de justificar. Resultado: Benedetti es nombrado embajador en el vaticano (entran risas) y Laura Sarabia tiene cada vez más poder. También usaron la técnica retórica de desviación: desvié la pregunta, responda con otra pregunta, o ataque con el insulto.
Creo en el Estado de derecho, en la dignidad y la creación de empresa. Soy un capitalista convencido de la necesidad de salarios justos; creo en la inversión social, la salud y la educación. Creo que es posible apoyar a las víctimas del conflicto y al mismo tiempo criticar este gobierno. Si por no creer en mesías de cualquier corriente soy tibio, pues soy tibio.
Es agotadora una discusión con fanáticos de izquierda o derecha. Argumentar con ellos es como hablar con un muro. No se pueden hacer chistes de Petro porque te tratan de “Uribestia”, y viceversa. Convirtieron el humor en un arma de batalla.
Amigo fanático, repite conmigo: “puede que yo no tenga la razón”. Es algo difícil. El algoritmo nos hace creer que todos piensan como nosotros. Muestran publicaciones como un refuerzo de Pavlov y al sentir que estás en lo correcto liberas endorfinas.
Sin embargo, si es lo que te gusta y te hace feliz, dale. Quién soy yo para contradecirte. En mi caso dudo de todos, incluido yo. Casi nunca tengo la razón, pues como dice la novela de Heinrich Böll, son opiniones de un payaso.