“Arrastrar la dura cadena/ Trabajar sin tregua y sin fin/ Es lo mismo que una condena/ Que ninguno puede eludir”.
Para muchos, el trabajo es eso que lamenta Rafael en su canción. Grave cuando ese es el único motivo de nuestro proyecto de vida. A la fatiga que genera, como yugo, se suma el estrés del aglutinamiento en la ciudad, el estrés por el tráfico, por la contaminación, por la larga espera para procedimientos de salud, gestiones públicas y reclamaciones que no tienen retorno; ese funesto popurrí de ruido persistente, en el día y en la noche, de los coches, las motos, las fábricas, de las farras sin control; el estrés del pesimismo que se vuelve virus contagioso en el metro, los buses, el mercado, el paso peatonal, los lugares de trabajo,...