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La inversión en startups colombianas cayó 82% el año pasado, ¿podrán sobrevivir?

La creación de estas empresas tecnológicas en el país también ha bajado más de 22%.

  • Altas tasas de interés y bajo apetito por inversiones riesgosas mermaron el flujo de capital para las startups. FOTO: EDWIN BUSTAMANTE
    Altas tasas de interés y bajo apetito por inversiones riesgosas mermaron el flujo de capital para las startups. FOTO: EDWIN BUSTAMANTE
20 de febrero de 2024
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La profecía se está cumpliendo: las empresas de base tecnológica están librando una batalla de la que solo surgirán las mejores, pues la inversión en ellas, según el Latin America Venture Capital Report, cayó 82,1% el año pasado en Colombia. Y aquellas que no puedan sostenerse sin recibir aportes de los socios, básicamente, están condenadas a muerte.

Como todo proyecto con ánimo lucrativo, los fundadores de estas empresas necesitan inversores que les desembolsen el capital para invertir en equipos, infraestructura o talento humano.

Hasta finales de 2021, a los emprendedores tecnológicos les quedaba fácil levantar inversión; bastaba con hacer una presentación de lo que sería su negocio y enseguida los inversionistas ponían la plata. Era una inversión de alto riesgo, pero salía más rentable apostar por estos entusiastas tecnológicos que invertir en productos más tradicionales.

Las tasas de interés en EE. UU. son la mano que mece la cuna y hay que decir que en 2019 estaban bajitas (1,50%); ese no es un nivel atractivo para los inversores porque no les representa un alto retorno al poner sus dólares en bonos deuda del gobierno. En consecuencia, salen a buscar oportunidades en negocios que no garantizan la ganancia, pero pueden dar mejor rendimiento.

Precisamente, en 2019, a Colombia entraron US$1.154 millones para fondear a esas empresas de base tecnológica. Hasta ese momento, era el récord del sector. Luego, la pandemia apagó la economía en 2020 y para estimularla, esas tasas de interés quedaron en 0%; los inversionistas estaban colocando grandes cantidades en las startups.

Un reporte de la firma KPMG indica que en 2021 aterrizaron US$1.454 millones para apalancar la operación de esos emprendimientos tecnológicos, en donde sobresalen nombres como Rappi y Habi. Pero los buenos tiempos no son eternos y a finales de ese mismo año las aceleradoras les advirtieron a todas las empresas del ecosistema que se prepararan para una sequía financiera.

Sentencia cumplida

Los datos de KPMG muestran que, con corte a 2022, se habían creado 99 empresas de base tecnológica en Colombia; una cifra que contrasta con las 114 creadas en 2020 y mucho más con las 135 registradas en 2018; año que conserva la marca histórica en cuanto a creación de estos negocios.

La tasa de mortalidad en este sector, según datos de Rockstart, alcanza el 90%. O sea que, si ya de por sí es difícil sobrevivir, con unas tasas de interés que hoy día están en 5,5% en EE. UU., la situación se pone más compleja.

David Mejía, vicepresidente de Starkflow, comentó que la profecía del 2021 se está cumpliendo y eso obedece a que la mayoría de los inversionistas que necesitan estas empresas se localizan en Estados Unidos, en donde el margen de captación hoy día es el más alto en 17 años para quienes compran bonos del gobierno.

Es por ello que los dineros de esos inversores no están llegando a países emergentes como Colombia y mucho menos a un segmento riesgoso como el de las startups, ¿para qué arriesgarse en un emprendimiento cuando es casi seguro el fracaso, si los productos de renta fija son menos riesgosos y están dando mayor ganancia?

Ese es el escenario al que se están enfrentando estas empresas y un testimonio de la turbulencia lo puede dar Frubana, considerada una de las 10 mejores statups de Colombia por su capacidad para conectar directamente a los proveedores agro con restauranteros.

Esta empresa anunció esta semana que dejará de operar en Colombia y México —solo se quedará con el mercado brasileño— porque no levantó el dinero para mantener el negocio abierto aquí.

A juicio de Mejía, las tasas de interés son un factor determinante, pero aseguró que hay incertidumbre política en Colombia: “Sin importar cuál sea tu orilla ideológica, el Gobierno no tiene un discurso promercado”.

La era del camello

Como hace unos cuatro años los unicornios estaban de moda, parecía que el mercado estaba obsesionado con cazar a esas startups que podrían valer más de US$1.000 millones. Sin embargo, a todas esas empresas se les conoce como huéspedes de la “economía zombi”, pues pese a que están mega valoradas, la caja propia no les alcanza para sostenerse y los socios deben inyectarle capital constantemente para que operen.

Al menos en sus primeros años, los unicornios no les dan nada a los dueños, son promesas de rentabilidad futura, una vez dominen su segmento y la competencia esté reducida. Pero para llegar a ese punto, caen en la dichosa “quema de dinero”, donde todo lo que entra a los asientos contables se utiliza para ganar terreno.

Por ejemplo, si se trata de un supermercado online, es posible que vendan los productos mucho más baratos para que los compradores se queden con ellos, pero obviamente la misma empresa paga el porcentaje que le descuentan al usuario, eso es “quemar dinero”.

Cuando la plata abunda, es más fácil sostener a los unicornios y a las demás empresas que no le apuntan a ser rentables en su arranque, bajo la promesa de que en el futuro controlarán el mercado. Pero con las tasas de interés altas y una economía global en desaceleración, los inversores empiezan a ser más cautelosos para soltar sus dólares.

Desde que el panorama actual se estaba configurando, los expertos ya coincidían en que los unicornios estarían out y sería la era de los camellos, que quizás son menos glamurosos, pero resultan autosostenibles y pueden sobrevivir sequías financieras.

En ese orden de ideas, David Mejía apuntó que, a su manera de ver, las startups camello no deberían ser cíclicas, “deberían ser indefinidas, buscar unicornios no tiene mucho sentido, puesto que cazarlos en etapa temprana es una probabilidad casi que del 0%”. Además, la lección que dejó este periodo es que las empresas tienen que mostrar un producto mínimo viable con rapidez si quieren levantar capital.

Juan Pablo Triviño, cofundador de Renttu, startup paisa, indicó que en su caso el levantamiento de capital no lo desvela: “Como los fondos grandes solo miran a ciertos emprendedores, a nosotros nos cerraban las puertas. Eso nos volvió resilientes e imaginativos para darle la vuelta al asunto y no depender de inversiones para crecer y desarrollar un modelo sólido”.

“Cuando cayó esta crisis de la escasez de plata para invertir, a nosotros no nos afectó. Nosotros hemos recibido $200 millones en inversión y han llegado de particulares. Hoy día nuestro modelo está diseñado para que no tengamos que vender acciones”, añadió.

Los analistas de este ecosistema proyectan que las cifras consolidadas de 2023 darán cuenta de esa mortalidad que tuvo que haberse presentado el año pasado ante la falta de inversión y la cantidad de compañías no autosostenibles.

Para el primer semestre, según Mejía, no se prevén cambios pronunciados en la dinámica actual. Sin embargo, considera que la economía puede aflojar pasado el segundo semestre cuando estén más bajas las tasas de interés y se materialicen los planes de reactivación en el país.

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