Pocas veces la economía tiene tanto que ver en una elección presidencial, normalmente los latinos estamos acostumbrados a elecciones políticas donde los conflictos sociales e internacionales, la mano dura o la mano blanda, la burocracia, las tradiciones, la seguridad o la gran infraestructura pesan mucho más que el manejo macroeconómico del país.
Hoy Argentina está caminando al filo de dos corrientes económicas absolutamente disímiles, y lo hace con una inflación del 140%, un decrecimiento económico (-2,5%) y la pobreza llegando a niveles del 40%.
Siendo la tercera economía de América Latina, históricamente la sociedad argentina se ha enorgullecido de su extensa clase media, pero en la última década cambió la tendencia y la pobreza se profundizó.
Además, Argentina se endeudó en 2018 con el Fondo Monetario Internacional por 44.000 millones de dólares, un compromiso que le exige una importante reducción del déficit fiscal que no solo evalúan los centros de pensamiento de ese país sino del mundo entero.
Por eso estas elecciones son tan relevantes. Hoy, al frente, los argentinos tienen al abogado Sergio Massa, el ministro de Economía de Alberto Fernández, quien para muchos es el culpable de la debacle del país, y al economista Javier Milei, un anarquista profeta de la dolarización.
Sería difícil encontrar dos candidatos tan opuestos, uno a la orilla izquierda levantando las banderas del peronismo, y a la otra la ultraderecha antisistema, renegando del manejo económico del país en los últimos 20 años. Y para el ciudadano cada vez se hace más difícil entender quién tiene la razón.
Massa ofrece más de lo mismo
Con más de 30 años de carrera política, el carismático Sergio Massa logró imponerse con 36% de los votos este domingo en las elecciones presidenciales, pese a figurar segundo durante toda la contienda.
Esta es la segunda vez que Massa busca la Presidencia, luego de una derrota en 2015.
Massa, que es hoy la principal figura del gobierno peronista de centro-izquierda argentino, optó por mantenerse en el cargo de ministro con la idea de que “la campaña es la gestión”.
Massa ha hecho acuerdos con empresarios, sindicatos y con el Fondo Monetario Internacional. Pero no pudo dominar la inflación, la principal preocupación de los argentinos.
Este abogado posee la habilidad de mostrar las dificultades como logros, al menos entre sus adeptos: “Aunque no tenga un plan, improvise de manera permanente y sus promesas no se cumplan, él siempre transmite la idea de que está en control de la situación y de que va a encontrar la salida”, opinó Diego Genoud, biógrafo no autorizado de Sergio Massa.
Este candidato es un pragmático, que cree en la necesidad de un “Estado presente” que regule y garantice lo que el mercado no puede hacer solo. De hecho, la política económica del peronismo está enmarcada en el gasto público, la inversión social y los altos subsidios. Precisamente un hecho que ha promovido la inflación y la devaluación de su moneda.
Milei y el menor estado posible
Este economista ultraliberal que quiere “dinamitar” el Banco Central y considera que cualquier intervención del Estado es un exceso. Este domingo llegó segundo en los comicios, aunque hasta esa mañana era el favorito de las encuestadoras.
“El Estado es un enemigo”, “hay que hacer volar el Banco Central”, “el peso es la moneda que emite el político argentino, no puede valer ni excremento”, son algunas de las incendiarias declaraciones de este líder político de cabellera abundante y cuidadosamente alborotada.
Sus seguidores encontraron en él a un mesías tras décadas de pesares económicos y reivindicaciones progresistas que no les han resultado.
La solución de Milei es dolarizar la economía, reducir drásticamente el gasto público, eliminar impuestos y acabar con la “casta política y corrupta” a la que responsabiliza de esta debacle.
Su solución disruptiva es liquidar los millonarios pasivos del Banco Central, cerrar luego la entidad y dolarizar completamente la economía, un proceso que, según dice, podría llevar entre 9 y 24 meses hasta la circulación cotidiana del dólar en la calle.
El ‘león’ libertario promete, además, quitar las trabas al comercio exterior, achicar el Estado, privatizar empresas públicas, eliminar subsidios y bajar impuestos y gastos en obra pública, un programa que, según afirma, asegura el crecimiento, el orden fiscal y una bajada de la inflación.
Así que el 19 de este mes los argentinos elegirán entre un gran estado, robusto, caro e ineficiente y prácticamente su ausencia, el sálvese quien pueda.