Año y medio se ha tomado Jaime Gilinski para intentar quedarse con el denominado Grupo Empresarial Antioqueño (GEA), al menos públicamente, pues hubo un año más de averiguaciones con las entidades reguladoras tanteando terreno, antes de iniciar la toma hostil que ya suma prácticamente todas las formas de lucha: la planeación anticipada, la compra de acciones, el descrédito de los administradores, desgaste administrativo, demandas penales y bloqueos judiciales.
Esta semana fue decisiva, y aunque el GEA parece ir ganando el pulso, todos adentro del enroque paisa saben que no pueden cantar victoria, que esta será una disputa de muchos años, que Gilinski tiene una paciencia a prueba de fuego y que terminará solo cuando logre imponerse la plata o la razón.
Así lo expresó el viernes en la asamblea extraordinaria de accionistas de Sura, Carlos Raúl Yepes, expresidente de Bancolombia, criado al interior del GEA, pues desde muy joven fue considerado del “kinder de los cacaos”.
Su relato acerca de lo que causó la disputa en los 90 entre Gilinski y Bancolombia, luego de la adquisición del Banco de Colombia por parte de los empresarios paisas, dejó conmovida a los accionistas que veían ahí representado su presente y su futuro.
“En 1997 el abogado del señor Gilinski en Estados Unidos nos dijo que nosotros los habíamos estafado, y ahí empezó la guerra... Fueron 12 años de sufrimiento donde no vi crecer a mis hijos, solucionábamos una demanda y nos llegaban tres. A esta cicatriz que ven aquí yo la llama Gilinski. A los 33 años me reventé, me tuvieron que operar del corazón”, contó Yepes, mostrando al público la evidencia del desgaste en su salud provocada por esa crisis.
Y agregó: “Hoy estamos ante lo mismo, la misma guerra, y se lo digo a usted doctor Gilinski: esta guerra hay que pararla, así no se pueden hacer negocios... Hoy todo este recuento lo hago con el mayor respeto, sin ánimos de ofender a nadie. Todas las guerras son dolorosas, largas y costosas, y si nuestra guerra se terminó después de 12 años con un acuerdo, con una transacción en la que no hubo perdedores ni ganadores, podemos ahorrarnos todo esto”.
Y es que el panorama parece el mismo, demandas van y vienen, abogados prestigiosos de un lado y del otro buscan cómo hacerle el quite a la última jugada del contendor, y esa espiral, dicen quienes conocen las intimidades de este asunto, no parece que vaya a parar.
“Lo de Gilinski es una obsesión, él quiere recuperar el banco que una vez tuvo y no va a descansar hasta lograrlo. Y ese puede ser un deseo legítimo, pero lo legítimo también es que pague por el control, no que se lo apropie indebidamente”, dijo una fuente cercana al proceso.
Y es que entre los empresarios antioqueños está la claridad, que como dijo Yepes, Gilinski es un empresario “inteligente y audaz”. Su estrategia es de largo aliento, ha estado milimétricamente diseñada y planeada.
1. Tanteando el terreno
Aunque el mundo supo del interés de Gilinski de controlar el GEA hacia finales de 2021, esta era una movida que venía calculando de tiempo atrás. A finales de 2020, JGDB Holding, de grupo Gilinski, le pidió a la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) evaluar la viabilidad de la integración del banco GNB Sudameris y Bancolombia. Esta entidad es la encargada de revisar problemas de competencia empresarial.
Dicha preevaluación fue realizada con absoluta reserva, a petición del interesado, y concluyó que como la participación en el mercado de los servicios financieros de la familia Gilinski era tan pequeña, no habría monopolio si se llegara a fusionar con Bancolombia.
Este es un detalle importante porque muestra cómo desde el principio el interés estaba en volver a tener a Bancolombia.
Meses después –para octubre de 2021–, también en secreto, Nugil, sociedad de Gilinski, elevó a la misma entidad la petición de evaluar una posible integración con Nutresa. Los resultados fueron similares, la SIC no objetaría dicha fusión porque no representaría ningún peligro para el orden del mercado.
Los directivos del GEA ni los dueños de las acciones fueron avisados nunca de que la SIC estaba haciendo esas preevaluaciones.
Mientras esto ocurría, Gilinski viajaba a Emiratos Árabes a negociar un préstamo con el Royal Group de Abu Dabi y con IHC, un inmenso conglomerado de alimentos.
2. Una compra sorpresiva
La noche del 10 de noviembre de 2021 llegó por sorpresa una Oferta Pública de Adquisición (OPA) que buscaba comprar al menos el 50% de Nutresa. Una pequeña firma, recién constituida en Panamá, con apenas un millón de pesos, quería quedarse con el conglomerado de alimentos más importante del país, y uno de los pesos pesados de la región. Detrás estaba Gilinski.
La oferta cayó como un baldado de agua fría. Gilinski nunca se había aproximado a hablar con los dueños de Nutresa acerca de su intención. Y la situación no era sencilla, porque los dueños eran otras empresas que en los últimos años habían constituido un enroque donde todas eran dueñas entre ellas —lo que se conoce como GEA, un cúmulo de 125 empresas agrupadas en Sura, Argos y Nutresa—.
La idea de ese enroque era precisamente protegerse de tomas hostiles como las que vivieron en la década de los 70 y 80.
Y aunque Gilinski dijo entonces que su único interés estaba en el negocio de alimentos, que veía con gran potencial, lo que siguieron fueron siete OPAs a nombre propio y una más de su socio árabe, cada vez con mejores precios.
Con esas OPAS Gilinski logró el 38% de Sura y el 31% de Nutresa, y queda claro para todos los actores del mercado que, aunque se trató de una sorpresa, las ofertas por acciones de empresas listadas en la bolsa son legales.
3. El descrédito de los directivos
Una vez empezaron las OPAs, la toma iba acompañada por mensajes que desde medios de comunicación de su propiedad, como la revista Semana, o de líderes de opinión cercanos a sus intereses iban dejando ante la opinión pública, en el sentido de que las empresas del GEA habían sido mal manejadas, que se estaba ocultando información a los accionistas o que había corrupción.
Entonces salieron a flote investigaciones contra los directivos de Argos en Estados Unidos, los bonos de retiro de David Bojanini en Sura, y se hablaba de los “excéntricos” aviones que tenían para transportarse los administradores de las multilatinas que conforman el enroque. Incluso se les atacaba por el pobre valor en bolsa que tenían los títulos de las tres empresas.
Ante cada ataque los directivos tenían que salir a apagar incendios y los jefes de comunicaciones a mitigar el impacto de esas noticias, varias veces por semana aparecía información relevante en la Superfinanciera de parte de las compañías del GEA aclarando la información publicada.
En una de las asambleas de accionistas Gilinski dijo, por ejemplo, que había fraude contable en Sura porque supuestamente se estarían ocultado pasivos. Asunto que fue desmentido por la firma Kroll.
4. La lucha por la vía del desgaste
Además, los administradores, los directivos y los accionistas de estas empresas han pasado todo este tiempo en asambleas y juntas directivas que, según cuentan, no permitían el avance normal de los negocios.
Sura, Argos y Nutresa, hasta que empezaron las OPAS, funcionaban como un relojito, llamaban a Asamblea de accionistas en marzo de cada año, presentaban los resultados, los planes y si era necesario se elegía a la junta directiva por un periodo de dos años.
Pero desde diciembre de 2021 han citado en total a 26 asambleas extraordinarias (13 en Sura, 7 en Nutresa y 6 en Argos) en las que se han deliberado sobre conflictos de intereses y elegido a seis juntas directivas, sin contar lo que ocurre con las demás empresas con participaciones cruzadas.
“La preparación de cada Asamblea es muy dispendiosa, no solo la logística para que el evento funcione bien, con los espacios adecuados, la tecnología, la atención al accionista, sino la preparación jurídica y los informes”, se quejó un organizador.
Un directivo anotaba que “el desgaste ha sido brutal. Ya paso más tiempo preparando asambleas y ayudando a que las juntas directivas entiendan el funcionamiento del negocio que administrándolo”.
5. Hasta entró la fiscalía
El año pasado, cuando el socio árabe de Gilinski lanzó la cuarta OPA por Nutresa, la Superintendencia de Sociedades inhabilitó a dos de los representantes del GEA para votar en la junta directiva Sura que debía decidir si vendía o no su participación, porque tenían familiares en otras juntas de las empresas enrocadas.
La junta estaba conformada por tres fichas del Gilinski y cuatro del GEA. Al salir los dos representantes de los empresarios paisas, los de Gilinski consideraron que podían continuar con una junta de solo cinco y, a la cabeza de la exministra María Ximena Lombana, miembro de la junta directiva, decidieron vender con una votación de 3-2.
El asunto es que los estatutos de Sura dicen que las decisiones se deben tomar por mayoría y en una junta de siete miembros la mayoría es cuatro, independientemente de cuántos estén en la reunión. En opinión de los abogados de Sura, Nutresa y Argos no existía posibilidad de que tres tomaran una decisión. Como los otros dos miembros del GEA renunciaron, quedaron solo los de Gilinski, quienes igual votaron por vender.
Así que Gonzalo Pérez, presidente de Sura, se negó a aceptar la decisión y a publicarla en información relevante ante la Superfinanciera. Y ahí demandas van y denuncias vienen.
Con las denuncias de un accionista minoritario de Sura, una de Grupo Sura y otra de Cementos Argos, lograron una medida cautelar del Juzgado Quinto Civil del Circuito de Medellín que dejó sin efectos las decisiones tomadas en esa reunión.
Entonces, Gilinski consideró que había sido sospechosamente rápida la respuesta del juez en este caso y su abogado Andrés Garzón denunció penalmente, ante la Fiscalía, al juez por presunta corrupción judicial ya que pudo haber malos manejos en el juzgado y en el reparto. Ya el ente acusador llamó a cinco funcionarios judiciales en este proceso.
6. Más bloqueos judiciales
La última movida se ha dado por la vía de Supersociedades, que prohibió que Sura y Argos votaran en la Asamblea Nutresa, sin previo permiso de su propia asamblea, una movida que dejaba solo a Gilinski, con un puñado de accionistas minoritarios que se han negado a venderle, eligiendo a la junta directiva.
Sergio Londoño, abogado de JGDB, aseguró que no es una prohibición per se, sino una exigencia para que antes de ir a votar los administradores expliquen el sentido de su voto a la asamblea y allí se defina si los autorizan o no, “tienen la mayoría, no sé a qué le temen”.
Sin embargo, Gonzalo Pérez advirtió que la asamblea de accionistas no está para tomar ese tipo de decisiones, por estatutos estas son responsabilidades del presidente y de la junta directiva, como es su deber fiduciario: “Es el presidente quien responde legalmente. Yo nunca tomaría ninguna decisión que afecte los intereses y el bienestar de Sura”, dijo.
De momento, las asambleas de Argos y Sura habilitaron a sus directivos para participar y votar en todas las asambleas de las demás empresas enrocadas, por lo que se mantiene la democracia en la que todas las acciones valen lo mismo y tienen el mismo derecho al voto.
Mañana será el turno para Nutresa, que aunque no fue cobijada con dicha medida cautelar conoció que se tramita otra demanda idéntica en otro despacho de la Supersociedades, en completo secretismo, y cuando sus accionistas consultaron por él la respuesta fue que su carácter es reservado.
Ramiro Bejarano hace parte del equipo de asesores jurídicos de Sura y le explicó a EL COLOMBIANO que en este tipo de procedimientos civiles no existe el carácter reservado para todo el expediente, puede haber algunos apartes reservados, pero no todo. Por eso recusaron a la jueza que tenía en sus manos el estudio de esa decisión y no ha surgido ninguna medida cautelar, lo que le permitió a los dueños de Sura, el viernes, tomar decisiones.
Bejarano dijo que si Sura tiene conflictos de intereses para votar en Nutresa, más conflictos tiene Gilinski que es el interesado en controlarla.
Es claro que hay gran inconformidad entre los administradores y, especialmente, los empleados de Sura y Nutresa por las prácticas con las que Gilinski quiere lograr el control. Muestra de ello fueron las protestas que durante estas semanas adelantaron los empleados.
Juanita Arango, una de las líderes de la movilización, explicó que se unieron “porque se están tomando decisiones que no son legales. Lo que quieren hacer los Gilinski, que es censurar la participación de nuestros líderes en las decisiones que se tomen, no nos parece válido ni ético, no estamos de acuerdo con que se queden con el dominio de nuestras empresas sin comprar una acción más. Si quieren el control que paguen por él”.
Y esta posición podría parecer extraña, pues si Gilinski se queda con el control del GEA terminaría siendo el jefe de quienes hoy protestan en su contra. Ante ese cuestionamiento Juanita Arango respondió: “Si ellos al interior de la organización van a actuar como han actuado en este proceso, entonces yo no querría quedarme en esta organización a la que amo con todo el corazón, porque lo que la hace especial es lo que somos”.
7. Los aportes de Gilinski
Con la participación de Gilinski como dueño de parte de las empresas del GEA ya se han presentado los primeros cambios. Por ejemplo, Sura aumentó considerablemente la repartición de utilidades entre los accionistas, en el pasado gran parte de ellas se iban a la reinversión, a la búsqueda de nuevos negocios y a la inversión social. El 63% será entregado a los accionistas con un dividendo de $1.280 por acción, el más alto de la historia, lo que va en sintonía con su mensaje de dar un mayor valor a los inversionistas (Gilinski recibirá $417.872 millones en Sura y Nutresa)
De otro lado, Gilinski pidió a la Asamblea el aumento de la reserva para donaciones de $14.000 millones, propuesta aprobada por unanimidad.
“Confié en Colombia cuando invertí. Los llamo a que sigan para adelante, sigan luchando. Fue un año muy difícil, pero todos tenemos un compromiso con Colombia. Yo hice ese compromiso cuando invertí”, dijo.