El peso colombiano le ha descontado $300 al dólar en lo corrido de 2023, por eso es la moneda más revaluada de América Latina, con un repunte superior al 6%. Esto gracias a las siete jornadas que ha cerrado a la baja desde el pasado 6 de enero.
En el bloque de las monedas que han logrado ganar algo de terreno frente a la divisa estadounidense, al peso colombiano le siguen: el peso chileno con una remontada del 4,8%, el real brasileño (+3,7%), el peso uruguayo (+1,1%) y el boliviano (+0,7%).
Hay otro lote de monedas latinoamericanas que no le han recortado distancia al billete verde desde inicio de año. Aquí, la lista de las más devaluadas la encabezan Venezuela (-18%) y Argentina (-3,7%), países que viven coyunturas socio-económicas particulares y que les convierten en casos no comparables con los demás vecinos de la región.
El grupo de los que acumulan caídas frente en 2023 lo cierran el sol peruano y el guaraní paraguayo, con devaluaciones del 2% y el 1,6%, respectivamente.
La variación anual
Al comparar el comportamiento de todas estas monedas año contra año, las cosas cambian sustancialmente. En este ejercicio el peso colombiano ocupa el tercer lugar entre las divisas que más han perdido valor frente al dólar, con una caída del 14,4%, que de todas maneras ha ido bajando gracias al repunte observado en el arranque de 2023.
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Al peso colombiano únicamente lo superan las devaluaciones anuales del bolívar venezolano (352%) y del peso argentino (77%). Luego, están las desvalorizaciones del guaraní paraguayo (5,2%), del sol peruano (1%) del boliviano (0,5%) y del peso chileno (0.3%).
En esta métrica anual, el caso más destacado es el del peso uruguayo, con una valorización del 12% frente al dólar, al que le sigue el real brasileño con una remontada de 5,8%.
¿Qué provocó el repunte?
El año pasado, las monedas emergentes se vieron muy castigadas por la coyuntura inflacionaria en EE. UU., puesto que en su afán por contrarrestar el costo de vida más elevado en 41 años, la Fed —homólogo del Banco de la República— elevó las tasas de interés hasta 4,25%, el tope más alto en 15 años.
Esa política monetaria provocó una fuga de dólares desde los demás países del mundo hacia territorio estadounidense, pues los inversionistas preferían llevarse sus divisas para allá, buscando aprovechar esas tasas altas y como mecanismo de protección ante los temores de una recesión económica mundial. Por ende, hubo escasez para la compraventa en los demás países, eso fue lo que disparó el precio del dólar frente a las demás monedas.
En diciembre, la inflación total de EE. UU. quedó en 6,5%, un dato mucho mejor al que esperaban los mercados, desde entonces, las monedas emergentes se han revaluado.
A juicio de Alexánder Ríos, analista de Inverxia, “lo que ayuda a que el dólar no siga subiendo es que el mercado está descontando —con 97% de probabilidad— que las próximas subidas de tasas aplicadas por la Fed en EE. UU. serán únicamente de 25 puntos básicos, menor a lo que se pensaba a fin de año, cuando se estimaba que podría venir un aumento en febrero de 50 puntos básicos”. “Eso ayuda a que la fortaleza global disminuya un poco y aumenta el apetito por activos de riesgo como los emergentes”, avanzó.
Otro indicador que evidencia cómo el dólar ha perdido fuerza es el DXY, que mide a la moneda gringa con una canasta de otras seis divisas (Euro y libra inglesa entre ellas). Este índice actualmente está en 101,9 unidades y ha caído notoriamente desde las 114 que alcanzó en septiembre del año pasado.
Por ahora, el dólar está cediendo y los mercados siguen atentos a los nuevos pronunciamientos de la Fed, a la espera de nuevas señales que podrían tener incidencia en la variación de la moneda estadounidense.