Ni se ha llegado a la mitad de este año y desde ya las cuentas del país para 2025 empiezan a preocupar. Según se lee en el anteproyecto del Presupuesto Nacional 2025, la plata para invertir tendrá un drástico recorte del orden de $35 billones, que es más que una reforma tributaria, mientras que el monto para atender la deuda contará con un generoso incremento de $29 billones, comparado con la billetera estatal del 2024.
Así, el Gobierno nacional va con toda a atender el hueco fiscal que se exacerbó en el marco de la pandemia y por eso le meterá $129 billones al servicio de la deuda, hecho que castigará la billetera para invertir, que apenas tendrá $70 billones. Si lo quiere ver como un ejemplo cercano, imagine que de cada $100 disponibles en su casa, $24 se van para pagar “culebras”, y solo puede invertir $13.
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En las cuentas del Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana, habrá una caída de 33% en la plata de inversión el próximo año. Es que si se ajusta el presupuesto 2024 a la inflación, da como resultado que los recursos disponibles para esa materia están en el orden de los $106 billones, muy por encima de los $70 billones que se asignarán en 2025.
Aunque es temprano y, como se mencionó, es un anteproyecto, desde ya están encendidas las alarmas. Lo resume el Observatorio de forma simple: “La caída de la inversión pública que trae el anteproyecto de PGN 2025 en casi la totalidad de sectores del presupuesto nacional es problemática. A través del gasto de inversión, el Estado colombiano provee de bienes y servicios que impulsan el desarrollo y mejoran la calidad de vida de los ciudadanos”.
Esto, por tanto la plata para invertir se ve en obras de infraestructura, colegios u hospitales, ya sea para construirlos o hacerles su respectivo mantenimiento. La irrigación de recursos se observa en la generación de empleo, y a mayor escala en el crecimiento económico. Solo la construcción genera 1,5 millones de empleos.
“El 2025 va a ser dramático porque vamos a tener una caída fuerte de la inversión que se explica por las obligaciones que tenemos respecto al servicio de la deuda. Tenemos un grave problema heredado de la pandemia, y es que el gasto público está disparado (...) sigue sumamente alto”, analizó Oliver Pardo, director del Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana.
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¿Se creció “al debe”?
Para Ricardo Bonilla, ministro de Hacienda, el gran problema es que Colombia creció “al debe” después de la pandemia. Es decir que, según él, el país se apalancó en altos niveles de deuda para enfrentar el golpe que los confinamientos le representaron a la economía.
El titular de Hacienda sostuvo, incluso, que el país quedó con unas deudas que “no son consideradas deuda”, como las tarifas congeladas en combustible, o los congelamientos de tarifas de energía, que se denominaron “opción tarifaria”.
“El crecimiento al debe lo estamos pagando hoy (...) estamos pagando el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Fepc), que en 2022 quedó en $37 billones producto del congelamiento, se está pagando del presupuesto (...)”, ejemplificó.
Continuó diciendo que el Gobierno Petro pagó en crédito interno y externo un total de $85 billones el año pasado y que este año la cifra ascenderá a $96 billones. Además, que en deuda externa Colombia tiene un cupo de endeudamiento flexible de US$70.000 millones. “Quiere decir que en la medida que el país se endeuda el crédito se cierra, y en la medida que se paga se va abriendo”.
Según Bonilla, “el debate es si pagamos deuda o invertimos, o cómo equilibramos las cosas; esa es la discusión macroeconómica más importante... Necesitamos reactivación económica en Colombia, la deuda no reactiva la economía, la inversión sí”.
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Baja inversión pública
Para Jorge Iván González, exdirector de Planeación Nacional, más allá del alto endeudamiento, uno de los mayores problemas que afronta Colombia es el desorden institucional, a la par de la baja ejecución de los recursos estatales. Recordó que este año no solamente están los $106 billones (ajustados por inflación) definidos en el Presupuesto para invertir, porque si se suman las regalías y los recursos de inversión de las ciudades se llega a un monto de $224 billones.
“Ese dinero bien administrado es muchísima plata. ¿Por qué no se convierte en proyectos estratégicos de inversión? Primero, por la bajísima ejecución; lo que estamos viendo es una ejecución excesivamente baja; segundo, por un tema que nosotros desde Planeación siempre insistimos y es la fragmentación del Presupuesto”, siguió el exfuncionario.
De hecho, en los últimos días, la Contraloría General advirtió sobre la baja ejecución de recursos en el actual Gobierno. En el primer trimestre solo se usó el 9,1% de la billetera de inversión, la proporción más baja de los últimos cuatro años para ese período.
El Ministerio de Igualdad y Equidad es el que más llama la atención, pues al 17 de abril no había ejecutado su presupuesto de inversión. Así mismo, hubo un pobre nivel de inversión en el Ministerio del Interior, que en los tres primeros meses solo alcanzó un 0,8%.
Para González, uno de los cuellos de botella es la fragmentación del presupuesto, en el entendido de que obras claves para el país son vistas desde un punto de vista más regional y no se les da la importancia y la agilidad de recursos que requieren. Entre ellas están la Ptar Canoas (en Soacha), o el Túnel del Toyo, en Antioquia.
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¿Y la inversión privada?
Pero la inversión pública no es la única rezagada. Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo, recordó que la capacidad de largo plazo de crecer en una economía depende de cuál es el ritmo de inversión productiva de los empresarios en maquinaria, en equipo o en tecnología, lo cual garantiza y le da una sostenibilidad en el largo plazo.
A pesar de que la inversión en el país alcanzó un máximo en 2014 y 2015 con niveles superiores al 20% del PIB, luego sufrió el choque petrolero y de la pandemia, y posteriormente hubo una recuperación, las cifras de 2023 volvieron a mostrar un importante retroceso.
“En 2023 cerramos con la tasa de inversión más baja en 18 años, esto no le pasó a los demás países. México, Chile, Perú o Argentina tuvieron datos por encima del 20% del PIB (...) Si la inversión se mantiene en los niveles actuales, el crecimiento (económico de Colombia) va a ser de 2,3%, un desempeño malo. Si llegamos a una inversión de 20% del PIB, la tasa de crecimiento sería 2,9%, que no sería suficiente para cerrar las brechas económicas y sociales. Y si subimos al 23%, el crecimiento sería 4%, más razonable”, complementó Mejía.
En su concepto, en el corazón del debate de la política económica tiene que pensarse cómo subir la tasa de inversión, “porque sin inversión no hay crecimiento económico, y si no crecemos no se reduce la pobreza”.
Con todo lo anterior, José Ignacio López, presidente de Anif, precisó que el crecimiento potencial de Colombia se ha hecho más estrecho, y actualmente está más cerca del 2% que del 3%. Además, “hoy Colombia se ve como un país más riesgoso de lo que se veía en años anteriores”.
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Lo que viene para el presupuesto del 2025
El Ministerio de Hacienda radicó ante el Congreso el anteproyecto para el Presupuesto General de la Nación (PGN) de 2025, acto con el que inicia el trabajo para configurar las finanzas de la nación del año entrante.
El texto les dará prioridad a las líneas centrales del Plan Nacional de Desarrollo y a las víctimas del conflicto armado en Colombia. Asimismo, el anteproyecto cumplirá los supuestos clave de la regla fiscal y el Marco Fiscal de Mediano Plazo.
Para definir el esquema que manejará el presupuesto de 2025, se contará con la participación del Congreso de la República y se dará inicio a mesas sectoriales de trabajo, con las que se mantendrán reuniones constantes en el transcurso de los próximos meses para presentar una versión definitiva del proyecto el 20 de julio.