Tal vez ha escuchado, casi como un chisme, que la prenda de ropa que menos contamina es la que está en el clóset. Es decir, aquella que se usa por años consecutivos y que no se reemplaza o desecha cada vez que hay una nueva colección en las tiendas. Esa que, incluso, luego es donada al hermano menor o a un amigo o que es utilizada en la casa como trapo para sacudir.
Se dice esto porque la industria de la moda es la segunda más contaminante en el mundo, por encima de la manufacturera, la de energía y hasta la de transporte y alimentos, según un estudio de la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Dice que confeccionar unos jeans requiere de 7.500 litros de agua, lo que equivale a lo que bebe una persona en siete años, y que medio millón de toneladas de microfibra se arrojan cada año al mar, “lo que equivale a 3 millones de barriles de petróleo”.
Ya hay varias alternativas conocidas que buscan alivianar esta situación, como las tiendas de segunda mano o las telas ecológicas, y en los mercados colombianos se han popularizado marcas nacionales que utilizan telas hechas a partir de botellas PET y que acercan la sostenibilidad al bolsillo de la comunidad.
A partir de esta última opción, la más sonada, surgen varias preguntas: ¿el proceso de reciclaje y transformación de PET sí resulta más sostenible que la producción de tela desde cero?, ¿cuánta agua y energía utiliza esta reutilización?, y, sobre todo, ¿qué pasa con esa prenda hecha de PET cuando termina su ciclo de vida?, ¿se puede volver a convertir en tela una vez usada?
Para responderlas, EL COLOMBIANO habló con empresas que hacen parte de todo el proceso, desde la recolección y transformación de las botellas hasta su confección, y se determinó que el ciclo no se cierra.
Un círculo abierto
Jorge Andrés López de Mesa, vicepresidente de Ventas de Enka, cuenta que son muchas las consideraciones medioambientales que tiene la industria de la moda: desde el uso de materiales, hasta la confección, el uso y la disposición final y que en todas las partes del proceso hay que ser cuidadosos.
Enka, por ejemplo, recicla hasta 3 millones de botellas PET diarias de 28 departamentos y 400 municipios del país para solucionar una de las problemáticas: los materiales. “Usar telas de algodón implica arrasar selvas. Si el porcentaje de uso de algodón aumentara, tendríamos que elegir entre comer o vestirnos y acabar con el medio ambiente”, dice López de Mesa.
Agrega que Colombia está atrasada en temas de sostenibilidad en la moda. “La gran dificultad para reciclar prendas es que son mezclas, no solo un material único. Entonces hay botones, cierres, hay poliéster mezclado con algodón, PET con elastómeros y muchas otras cosas que hacen difícil la separación y reutilización”.
Algunas alternativas
Una solución que López de Mesa ve cercana es una tecnología que están desarrollando llamada Ciclo, “un producto que vuelve a las fibras biodegradables en un periodo de tres años. Así, si hacemos cosas como tapabocas, que son desechados de forma continua, sería conveniente que esa tela se biodegradara. Hicimos pruebas y este aditivo desarma las cadenas del polímero y lo convierte en ingerible por bacterias”.
Destaca que hay compañías haciendo procesos que buscan alargar la vida útil de las fibras o usar menos químicos en el proceso al no teñir o decolorar las prendas, por ejemplo.
Ecohilandes es una compañía paisa que nació en 2012 y que, desde entonces, utiliza fibras recicladas para producción textil no contaminante. Utilizan aquellas producidas por Enka a partir de PET o las recuperadas de los excedentes de corte y confección por Fibretex. Se encargan de mezclarlas y obtienen otros hilos que luego utilizan para hacer lonas y tejidos de diferentes gramajes para diversos usos y marcas como Homecenter, Naf Naf, Jeff y Punto Blanco.
Ana María Escobar, gerente comercial, explicó que sus capacidades de aportar a la sostenibilidad solo llegan hasta entregar el producto al consumidor, pues no es posible, aún, cerrar el ciclo. “Sí podría hacerse, lo ideal sería que yo pueda volver a usar esa ropa, lavarla y repetir el proceso haciendo fibras, pero, por salubridad, no está permitido en Colombia”.
Esta idea requiere de una empresa con tecnologías especializadas pero la solución podría contribuir al problema: los detergentes y demás productos usados en la limpieza, como antibacteriales son contaminantes de agua. “Tendría que ser una unidad de negocio que no utilice ni agua ni jabón para no terminar impactando más al planeta”.
Ya hay en mercados internacionales empresas que venden productos que, a través de rayos ultravioleta, eliminan virus, bacterias y hongos de las telas, pero no hay estudios o iniciativas prominentes que usen estos avances para reutilizar ropa.
“Lastimosamente, no es un tema que sea prioridad y aunque con esas tecnologías se podría trabajar, no se ha desarrollado y no ha llegado a Colombia”, cuenta Escobar. Agrega que en Ecohilandes están desarrollando una investigación para utilizar fibras naturales.
“Lo haremos con cáñamo, una de las variedades no psicoactivas de la marihuana. Es ideal como reemplazo del algodón porque es menos contaminante ya que no requiere pesticidas y es similar en propiedades de absorción de humedad. Además, Colombia es apta para sembrar mucho cáñamo que, además, tiene biodegradación más rápida”.
Daniel Yépez es cofundador de paréntesis, una marca de ropa sostenible y socialmente responsable que trabaja con mujeres cabeza de hogar para diseñar y confeccionar prendas realizadas también con telas PET o mezcladas. Explica que aunque sería ideal que en un futuro esa misma prenda pueda crear más prendas, aún no es una tecnología que se haya desarrollado.
Aún así, cree que hay alternativas para ser responsables y alargar el ciclo de la ropa: los residuos textiles que no han sido usados, como los excedentes de confección, pueden ser convertidos en nuevos hilos para otros productos como cojines, rellenos de almohadas, colchones y para la industria automotriz, como lo que hace, entre otras, Riochevi.
Entonces, aunque no hay tecnologías que permitan que ese vestido que usted compró que fue hecho con tela reutilizada o PET sea de nuevo convertido en prendas, usted puede darle una vida larga al evitar reemplazarla, al donarla o venderla o, incluso, haciendo con ella otras cosas, como trapos o trapeadoras caseras.
Grandes dimensiones
La moda contamina, cuando no es sostenible, en todos las partes del proceso. De hecho, 20 % de la contaminación global del agua proviene de la tintura textil, pues hasta 8.000 químicos se usan para darle color a una tela y 2.500 litros de agua se usan para producir una camiseta de algodón, lo mismo que consume una persona en tres años, según la ONU.
Por eso, alternativas como las telas sintéticas o las de PET podrían resultar más amigables con el medio ambiente.
Enka, por ejemplo, ahorra anualmente la energía equivalente a lo que producen 600.000 hogares en el mismo periodo de tiempo y logra reducciones de CO2 similares a retirar 21.000 vehículos de las calles (54.139 toneladas de CO2). Para 2019, recuperaron 1.025 millones de botellas .
10 %
de las emisiones globales de carbono las produce la industria textil: ONU.