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Una croata protege “la casa de los seres del bosque” en Antioquia

Esta organización trabaja por la conservación y la protección de la fauna silvestre a través de la rehabilitación, la educación y la prevención del comercio ilícito.

  • Dulzura, una perezosa de siete meses aproximadamente que en este momento se encuentra en proceso de rehabilitación en la Fundación AIUNAU. Foto: Carlos Alberto Velásquez
    Dulzura, una perezosa de siete meses aproximadamente que en este momento se encuentra en proceso de rehabilitación en la Fundación AIUNAU. Foto: Carlos Alberto Velásquez
  • Dulzura después de ser rescatada por las autoridades ambientales del tráfico ilegal y haber sido trasladada hasta la fundación Fundación AIUNAU. Foto: Carlos Alberto Velásquez
    Dulzura después de ser rescatada por las autoridades ambientales del tráfico ilegal y haber sido trasladada hasta la fundación Fundación AIUNAU. Foto: Carlos Alberto Velásquez
  • Predios de la Fundación AIUNAU. Foto: Carlos Alberto Velásquez
    Predios de la Fundación AIUNAU. Foto: Carlos Alberto Velásquez
  • Tinka Plese en entrevista con EL COLOMBIANO. Foto: Carlos Alberto Velásquez
    Tinka Plese en entrevista con EL COLOMBIANO. Foto: Carlos Alberto Velásquez
  •  Zona de encierros semi boscosos en donde se cuida, protege y rehabilitan hormigueros, perezosos y armadillos en la Fundación AIUNAU. Foto: Carlos Alberto Velásquez
    Zona de encierros semi boscosos en donde se cuida, protege y rehabilitan hormigueros, perezosos y armadillos en la Fundación AIUNAU. Foto: Carlos Alberto Velásquez
  • Tinka alimentando a Dulzura. Foto: Carlos Alberto Velásquez
    Tinka alimentando a Dulzura. Foto: Carlos Alberto Velásquez
30 de abril de 2023
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Justo donde inicia Cerro Bravo, la montaña más imponente del suroeste antioqueño, está la Fundación AIUNAU, una organización no gubernamental sin ánimo de lucro dedicada a la conservación y al bienestar de la vida silvestre, en particular, de los Xenarthras, el superorden de mamíferos placentarios exclusivamente americanos que incluye a los hormigueros, armadillos y perezosos.

Este proyecto se ha mantenido en el tiempo gracias a la perseverancia, la resistencia y la constancia de Tinka Plese, una ingeniera química croata que viajó a Estados Unidos a hacer un doctorado en ciencias naturales en la Universidad de Miami y que terminó viniéndose a Colombia sin finalizar sus estudios porque no podía comprender que las personas de aquí con las que compartía clase allá, tuvieran tanto afán de regresar.

Y es que cuando los croatas salen de su país —cuenta con un aire de nostalgia, sentada sobre una silla en la terraza de la fundación, con un matorral de plantas florales detrás, al que no paran de llegar colibríes negros— nunca regresan, lo añoran, pero nunca regresan, y eso no dejaba de causarle una infinita curiosidad, así que en 1987 compró un tiquete y aterrizó en Medellín para turistear, encontrándose con una ciudad vibrante y llena de colores que unida a una crisis existencialista que le hacía preguntarse una y otra vez qué iba a ser capaz de contribuirle al planeta desde su profesión, la empujó a quedarse.

Sin embargo, la historia por la que terminó dedicada a la rehabilitación y conservación de fauna silvestre comenzó después, cuando se asentó definitivamente con su familia en medio de un bosque húmedo pre montano, en el área considerada como zona de amortiguamiento de la Reserva Natural Municipal Alto de San Miguel, en el municipio de Caldas. Allí recibió en 1996 a dos perezosos que nadie quiso atender por tener fama de morirse antes de ser devueltos a su hábitat y que amigos suyos dedicados a la conservación en Antioquia le preguntaron si podía recibirlos en su casa.

Predios de la Fundación AIUNAU. Foto: Carlos Alberto Velásquez
Predios de la Fundación AIUNAU. Foto: Carlos Alberto Velásquez

Como para ella estar al servicio de la naturaleza era (aún lo sigue siendo) el factor humano más significativo que cualquiera pueda tener sin importar los contextos, decidió acogerlos: solo veía delante de sí a dos seres vivos que necesitaban apoyo, y ella tenía todo para brindárselos, tiempo, porque nadie la contrató por estar sobrecalificada; y ganas de hacerlo —agrega mientras se cruza de piernas y enrolla sus manos en el saco beige que usa tras el aumento intempestivo del frío y la caída de la niebla alrededor— porque, aunque no tenía conocimientos sobre esta especie, tenía la intención de aprenderlo todo.

Así las cosas, lo primero que hizo fue adecuar los espacios para recibirlos, luego buscó toda la literatura posible sobre la especie dentro y fuera del país con la ayuda de sus colegas que desde Miami le enviaban libros enteros por fax, y por último buscar a personas o a entidades que supieran del tema y que le pudieran compartir conocimientos, quedándose atónita con la respuesta que obtuvo en uno de esos lugares:

—No hay nada que hacer con los perezosos —le dijo la médica veterinaria especialista en fauna silvestre en aquel tiempo a sus preguntas—. Todos se mueren.

—Entonces, cuando ustedes reciben perezosos, ¿qué hacen? —recuerda haberle preguntado Tinka.

—Yo dejo que los estudiantes se encarguen de ellos hasta que se mueren —le volvió a responder de la manera más fría la mujer.

Esa conversación la recuerda con especial nitidez. Era lo más aterrador que había escuchado hasta ese momento, e incluso hasta hoy, y al mismo tiempo la razón por la que desarrolló todo el modelo de rescate, atención, rehabilitación y reintegración de fauna silvestre capturada ilegalmente o herida, ya sea de manera accidental o por cazadores furtivos.

—En resumen, empecé a trabajar con pediatras humanos, con nutricionistas y veterinarios de todo el mundo y de ahí pude hacer un diagnóstico de toda la situación relacionada con los perezosos —detalla Tinka, en un acento paisa bastante marcado pese a que su dialecto croata se niegue a desaparecer y la delate todo el tiempo como extranjera—. A esos dos primeros, por ejemplo, los llevé donde mis amigas bioenergéticas, que me dijeron que en la vida habían visto animales de estos, yo prefiero llamarlos seres del bosque, pero que iban a intentar tratarlos, lo hicieron, y así empezamos a practicar medicina holística en fauna silvestre, con la cual hemos tenido excelentes resultados. Usamos un 99% de medicinas holísticas y un 1% en medicinas alopáticas.

Tinka Plese en entrevista con EL COLOMBIANO. Foto: Carlos Alberto Velásquez
Tinka Plese en entrevista con EL COLOMBIANO. Foto: Carlos Alberto Velásquez

Por partes. Una de las cosas que descubrió tienen que ver con la especie: que en Colombia existen dos clases de perezosos, los que solo tienen dos dedos, de los cuales hay dos especies, siendo el Choloepus hoffmanni la más común de ellas, y los que tienen tres dedos, de las cuales hay cinco especies, siendo el Bradypus variegatus la más común y la más conocida por los citadinos.

Los primeros, los de dos dedos, tal y como lo explican en la enciclopedia virtual Naturalista Colombia, son animales solitarios, nocturnos y arborícolas, que tienen un pelaje largo, unas grandes garras (dedos) y movimientos deliberados, que no les permiten confundirse con ningún otro animal, pesan más o menos de cinco a siete kilos y pueden medir hasta 60 centímetros de largo, es decir, tienen el tamaño perfecto para moverse por la copa de los árboles de su selvático hábitat. Se pueden encontrar en áreas a nivel del mar hasta en los páramos, y no son nada lentos, lo que pasa es que cuando se les ve de día están descansando para salir a explorar la noche.

Y los segundos, los de tres dedos, según reseña Amazon Aid, son seres grupales, nocturnos y diurnos y aunque antes habitaban bosques de muchos tipos, incluyendo los bosques nubosos y tropicales de tierras bajas, en la actualidad están restringidos a las tierras bajas, donde son comercializados en el mercado negro. Además, son folívoros, lo que significa que consumen exclusivamente hojas, ramitas y brotes, y suelen alcanzar las ramas de los árboles más altos para comer, dormir, aparearse y dar a luz.

Lo otro que descubrió Tinka fueron las razones por las que esos perezosos se encuentran en constante amenaza: por el calentamiento global, como todas las especies —es enfática en señalar—, por la deforestación, la fragmentación de los bosques y los incendios, por atropellamiento y por la caza, la cual resulta ser bastante desgarradora si se le detalla:

—Los traficantes detectan a las mamás embarazadas, les hacen seguimiento y cuando la cría tiene más o menos un mes de nacida, la raptan. A los perezosos de tres dedos, se les dice dedos, pero en realidad tiene forma de garras, se las arrebatan por ser dóciles, pero para arrebatarle la cría a una madre de dos dedos, tiene que matarla porque ella tiene colmillos afilados y pelea hasta el final por su hijo, porque nadie quiere que le quiten a su hijo, ¿cierto?

Y lo último, que está muy arraigado con todos los procesos que se llevan a cabo desde la medicina holística y que tienen que ver con reconocer al otro como un ser sintiente, y con reconocer que las enfermedades surgen a partir de un estado emocional en todos los seres vivos porque cuando se entiende eso, se puede trabajar desde la empatía en la rehabilitación de esos seres agredidos y maltratados que en la mayoría de los casos llegan a la fundación o a las manos de las autoridades ambientales en edades tempranas.

Es decir, lo que propone Tinka es comprender la tristeza y el desconcierto que puede llegar a sentir un animal silvestre al ser extraído de su bosque y apartado de los demás animales con quienes comparte vínculos, para ser arrojado a los brazos de un humano que, por lo general, no sabe nada sobre su modo de ser. Por eso, para su gestión, es importantísimo:

1. Conocer los antecedentes con los que llegan para poder saber cómo ayudarlos, es decir, dónde estaban, por qué, quién los tenía, cómo los trataba, de qué los alimentaban.

2. Brindarles las condiciones de un útero externo, es decir, una canastica que le brinde calor, amor, protección y alimentación, para que ellos sientan que llegaron a un sitio en el que no van a padecer más agresiones.

3. Aislarlos del bullicio de la gente y reducir el contacto con los humanos.

4. Iniciar tratamientos con medicina holística, con productos completamente naturales, y que se centren en ellos mismos para ahuyentar los miedos y para ayudarlos a recuperar la confianza, pues tratar sus estados emocionales es de vital importancia para la recuperación.

Zona de encierros semi boscosos en donde se cuida, protege y rehabilitan hormigueros, perezosos y armadillos en la Fundación AIUNAU. Foto: Carlos Alberto Velásquez
Zona de encierros semi boscosos en donde se cuida, protege y rehabilitan hormigueros, perezosos y armadillos en la Fundación AIUNAU. Foto: Carlos Alberto Velásquez

Todo este proceso requiere espacios apropiados para la rehabilitación y el cuidado de estos animales, por eso, la fundación constituida oficialmente en el año 2002, cuenta con algunos micro hábitats a cielo abierto y con una zona de encierros semi boscosos diseñados para los perezosos, los hormigueros y los armadillos, pues tras la sugerencia de algunos colegas —ilustra Tinka, que dirige el espacio y trabaja hombro a hombro con un equipo pequeño pero muy comprometido—, trabaja los tres grupos de Xenarthras desde hace algunos años.

Entonces, una vez se ha superado esa primera etapa en donde los bebés han recuperado la confianza y han empezado a crecer porque les han ido brindando gradualmente las condicionas que necesitan para su correcta recuperación según la edad, llega un punto en el que no necesitan más del cuidado humano y lo demuestran claramente, entonces son llevados a los bosques más adecuados para ellos (cada caso es especial) para que puedan continuar con una vida en tranquilidad.

—Generalmente, ese animal nunca tiene dudas sobre si se va a quedar con usted o si se va a ir arriba. Siempre se va arriba, con prisa hasta los últimos copos de los árboles. La gente siempre empieza: “Es que los perezosos de tres dedos son muy lentos”, no son lentos, ellos son más analíticos, más cuidadosos, son: “¿Dónde estoy? ¿Qué estoy haciendo aquí?”, se toman su tiempo para decidir subir, pero una vez hacen su diagnóstico del bosque, comienzan a subir, y uno solo ve como sube una colita hasta que desaparece. Por otro lado, el perezoso de dos dedos es mucho más impulsivo y sube de una, es como “No quiero saber nada más de ti, chao”, y ya quedaste en el capítulo del pasado, pero con la satisfacción de la misión cumplida. Eso es lo más lindo de lo que uno puede darse cuenta —finaliza la directora de la Fundación AIUNAU, antes de irse bajo la lluvia hasta uno de los seis encierros semi boscosos en donde ahora mismo hay una perezosa de siete meses aproximadamente a la que llamó Dulzura y a la que le ofrece una hoja de yarumo.

Tinka alimentando a Dulzura. Foto: Carlos Alberto Velásquez
Tinka alimentando a Dulzura. Foto: Carlos Alberto Velásquez

PARA SABER MÁS

Desde el año 2000, hasta el año 2009, la Fundación AIUNAU recibió 730 Xenarthras, mayormente perezosos, logrando bajar la mortalidad de los animales recibidos en el año 2009 a 51% y obteniendo el 37% de liberaciones de los animales rehabilitados.

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