En el siglo XIX, cuando las expediciones biológicas empezaron a ser importantes a nivel mundial y a ser consideradas la mejor base de datos de la biodiversidad, Colombia todavía no había avanzado lo suficiente en cuanto a los protocolos de captura, etiquetado y preservación de las especies recolectadas pese a todo lo que debía y podía aportarle a la ciencia en esa materia, por lo que muchos ejemplares de fauna y flora terminaban siendo trasladados a museos naturales en Estados Unidos o Europa.
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Entre muchos de esos casos, hoy se rescata la historia del escarabajo Chalcochlamys dohrni, que fue encontrado y descrito por primera vez en 1898, y trasladado su holotipo (primer ejemplar físico de un organismo portador del nombre científico) al Museo Stettiner en 1918.
Sin embargo, tal y como cuentan en el Instituto Humboldt, durante la Segunda Guerra Mundial ese museo específico también resultó ser víctima de los bombardeos y los incendios típicos del conflicto, así que gran parte de su colección biológica quedó convertida en ceniza, y bueno, la que no, fue trasladada al museo del Instituto de Zoología de la Academia Polaca de Ciencias (ZMPA), ubicado en Varsovia (Polonia).
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“Desde entonces, allí se conserva el ejemplar tipo del escarabajo Chalcochlamys dohrni, un macho, único en el mundo y por cuyo etiquetado, escrito a mano en la época, se creía que había sido encontrado en ‘Sta. Rosa, New Granada’, es decir, podía haberse hallado en Santa Rosa de Osos (Antioquía), Santa Rosa de Cabal (Caldas) o Santa Rosa (Cauca)”.
Entonces para saber el sitio exacto en el que había sido encontrado no había nada qué hacer, o al contrario, había mucho —si se consideran las posibles expediciones a esos tres territorios, lo cual significaría un gasto muy grande en recursos—, pues durante todo este tiempo, durante estos 111 años, no se tenía noticia de un nuevo registro, como si el animal fuera invisible o se hubiese extinguido, algo que no es ajeno si se piensa en la historia del Atlapetes blancae o montañerito paisa, un pájaro que parecía vivir más en el imaginario de los antioqueños que en la Antioquia misma, hasta que en el 2018, después de 47 años de haber sido visto por primera y única vez, un aficionado se lo encontró en San Pedro de los Milagros.
Aunque bueno, al escarabajo Chalcochlamys dohrni lo encontró Jhon César Neita Moreno, curador de la Colección de Entomología del Instituto Humboldt, que ha dedicado su vida entera al estudio de los insectos, en medio de un muestreos en una estación biológica que había sido organizada por la comunidad y el Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico (IIAP) en el corregimiento chocoano de Tutunendo, en Quibdó.
“En esta estación solía dejar mis trampas para captura. En una de las recolectas, en octubre del 2009, me llamó la atención uno de los especímenes recolectados porque era especialmente bello y diferente. Por mis años de experiencia, sabía que era una hembra que no había visto antes. Realicé el registro fotográfico y se lo compartí a Mary Liz Jameson de la Universidad Estatal de Wichita, en Kansas, y a Brett C. Ratcliffe de la Universidad de Nebraska, en Kansas, dos reconocidos investigadores y expertos en el tema, quienes sabían de la existencia del holotipo guardado en Polonia”, cuenta Jhon César.
Ambos científicos sospecharon que ese ejemplar era la hembra del Chalcochlamys dohrni, y para confirmarlo le pidieron a Jhon César que revisara si tenía una estructura conocida como “proceso mesoesternal”, una especie de cuerno en el torso, que es exclusiva de la especie, y sí la tenía, además, otras características morfológicas como el margen pronotal angulado, el tamaño del cuerpo, la forma del clípeo y el labrum y la coloración azul verda metálica, también lo confirmaron.
Así que luego del análisis detallado, Mary Liz Jameson y Brett C. Ratcliffe incluyeron este (re)descubrimiento en el libro científico The Neotropical Scarab Beetle Tribe Anatistini.
“Fue una sorpresa obtener este individuo luego de 111 años, el cual, además de ser muy bello, es endémico del país (no se sabe de su existencia en otra parte del mundo). También pudimos confirmar que su ubicación no es Santa Rosa (como está descrito en la etiqueta del holotipo que se guarda en Polonia), sino que este escarabajo se ubica en el Chocó colombiano, una de las áreas poco estudiadas del país”, cuenta Jhon César.
Sobre el redescubrimiento, el Instituto Humboldt apunta que este tipo de hallazgos sirven para reflejar el valor de las colecciones biológicas, que hoy en día utilizan tecnología de punta para la gestión y administración de la información de los especímenes y cuentan con curadores calificados y procedimientos de organización y depuración de datos que garantizan la accesibilidad a información de calidad, para promover, coordinar y realizar estudios de flora y fauna.
“Sin todos estos datos estrictamente preservados a través de la historia de la biología, hoy no se tendrían los conocimientos en biodiversidad actuales, los cuales, además, son el primer eslabón para la creación de estrategias de conservación en medio de la crisis ambiental que afrontamos”, concluye.
¿De dónde proviene la especie?
“Proviene de la tribu Anatistini, que es exclusivamente neotropical e incluye cuatro géneros (Anatista, Chalcochlamys, Spinochlamys y Spodochlamys) y 21 especies, las cuales están restringidas a las regiones boscosas, que van desde Honduras hasta Brasil. El área con mayor diversidad es Colombia con el 45 % de las especies.
Esta especie redescubierta pertenece al género Chalcochlamys, siendo única en este género, además de ser endémica de Colombia. Se distingue de otras especies similares por su proceso mesoesternal, su coloración azul verdosa metálica brillante y un borde posterior del pronoto, es decir, que el área posterior de la cabeza es ampliamente angulada.
Ahora este espécimen hembra está depositado en la Colección de Entomología del Instituto Humboldt, desde que se redescubrió en el 2009 y así se convierte en el segundo ejemplar conocido en el mundo y el único en el país”, apunta el Instituto Humboldt.