Los colibríes, esas criaturas aladas, nativas de casi todos los ecosistemas y protagonistas de historias concernientes a los buenos deseos, la suerte y el amor fueron las protagonistas de un estudio realizado por los biólogos Sara Moncada, Cristina López Gallego y Juan Luis Parra y el matemático Alejandro Sánchez, con el objetivo de “evaluar la hipótesis de que la asociación o la coincidencia entre la forma del pico y la forma de la flor determina qué colibríes utilizan qué flores y la eficiencia, tanto para alimentarse, como para la polinización”, explica Juan Luis Parra, investigador miembro del grupo de investigación Ecología y evolución de vertebrados de la Universidad de Antioquia.
Un objetivo que surgió a raíz de la revolución que se ha dado en los últimos años en la comunidad médica y que tiene que ver con las maneras en que son concebidas las interacciones mutualistas entre especies en procesos como la polinización, por ejemplo, donde tanto la planta como el colibrí se ven beneficiados.
Según detalla Juan Luis, dicha revolución tiene que ver con que tradicionalmente se pensaba que ese tipo de relaciones entre especies era muy especializada, o sea que una especie de colibrí se alimentaba y polinizaba de una especie específica de planta, pero en la actualidad se ha propuesto que afirmar que dicha especialización existe es riesgoso ya que la mayoría de las relaciones mutualistas son generalistas e involucran múltiples especies.
Ese contexto los llevó a plantear un trabajo donde pudieran evaluar si los rasgos estructurales, la longitud y la curvatura del pico del colibrí y la corola de la flor, afectan la frecuencia de visitas y por ende la eficiencia de polinización, medida a partir de la carga de polen después de cada visita.
Una vez tenían la hipótesis, los investigadores debieron iniciar el muestreo. Para ello eligieron el Refugio de vida silvestre Alto de San Miguel, un sitio a menos de una hora de Medellín, con un rango de elevación desde los 1.900 hasta 2.400 metros, aproximadamente, que ofrece entre sus bosques montanos, sus robledales y su vegetación en recuperación, un sinnúmero de posibilidades a aquellos que se interesen en estudiar diferentes sistemas biológicos, como en este caso, ya que alberga más de 20 especies de colibríes.
Una vez allí, seleccionaron tres especies de plantas de acuerdo a su forma y abundancia: la Centropogon trianae, que es larga y curva, la Columnea purpurata, que es larga y recta y la Besleria solanoides, que es corta y recta, cuyas flores difieren en la longitud y en la curvatura de la corola, y a las cuales les midieron, además de su longitud y curvatura, la cantidad y concentración de azúcar en el néctar.
Y ya, “con base en la observación de visitas de colibríes a las flores de las plantas seleccionadas, escogimos las especies Phaethornis syrmatophorus (colibrí ermitaño), Haplophaedia aureliae (helechero común) y Coeligena coeligena (inca bronceado) con picos largos y curvos, cortos y rectos y largos y rectos, respectivamente, que representan los extremos de picos de las 21 especies de colibríes que han sido avistadas en área de estudio”, puede leerse en el libro que expone la investigación. De los picos de las aves, lo que midieron fue su longitud, curvatura, ancho y profundidad.
Seguido, cuenta Sara Moncada, bióloga de la Universidad de Antioquia, realizaron observaciones en campo que evidenciaron las visitas y un experimento controlado con el que pudieron medir la cantidad de polen cargado por cada ave después de visitar una flor encontrando que a mayor similitud hay mayor frecuencia de visitas y que efectivamente la similitud favorece la carga de polen.
Es decir, las asociaciones de las formas del pico y la flor, determinan en gran parte qué colibríes visitan qué flores, siendo las que se dan entre las formas largas y curvas, las más exclusivas. No obstante, también hay notables excepciones: los colibríes de picos largos y rectos pueden utilizar también flores cortas, y los colibríes de picos cortos pueden usar flores largas de manera “ilegal”, rompiendo la corola de la flor en la base, y robando el néctar sin prestar el servicio de polinización.
“La naturaleza es maestra en encontrar soluciones”, afirma Juan Luis, mientras Sara profundiza en que, aunque las cargas de polen se dan en diferentes puntos, “las especies de pico largo y curvo pueden ser más generalistas, y pueden ser también muy eficientes en la polinización”.
Un trabajo de evolución conjunto y recíproco, que da cuenta de algo de lo que se está hablando desde los siglos pasados: que ese último colibrí al que usted recuerda haber visto sostenido en el aire mientras se alimentaba de una flor, no ha existido desde siempre, al contrario, es reciente y obedece a un trabajo evolutivo del que el hombre solo puede vislumbrar sus vestigios, o incluso en ocasiones, como esta, percibir los efectos de unas cuantas variaciones. “La idea de que todo está conectado, propuesta por Darwin, por Humboldt y por otros investigadores más hace tanto”, como dice Juan Luis.
RADIOGRAFÍA
¿Cómo es el proceso de polinización que hacen los colibríes?
Los colibríes actúan como el medio de transporte para el material reproductivo de las plantas, responde Juan Luis Parra. Los humanos somos afortunados ya que ubicamos nuestras células reproductivas al interior de otro individuo (a veces con ayuda), pero en las plantas, que no se mueven, el material reproductivo (polen) debe literalmente volar, o, ser conducido de una flor de un individuo a otra flor de otro individuo por medio de un vehículo. En este caso, el vehículo es de última tecnología: un colibrí. En esencia, los colibríes transportan el polen de una a otra flor. Quizás no lo hagan de manera consciente, pero su necesidad de alimentarse los obliga a visitar muchas flores constantemente. Es una situación ideal donde el colibrí y la planta tienen necesidades (alimentarse y reproducirse, respectivamente) que se complementan.