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La vida en la Tierra depende de este animal

Colombia se posicionó en junio como el país con más especies de estos insectos en todo el mundo. Radiografía.

  • Parque de las mariposas en El Esmeraldal de Envigado. FOTO Jaime Pérez
    Parque de las mariposas en El Esmeraldal de Envigado. FOTO Jaime Pérez
16 de noviembre de 2021
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El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo, dice un antiguo proverbio chino. Similar pasa con la teoría del caos, que explica que ese aleteo puede causar un tornado o un tsunami en un país opuesto; y que puede, incluso, ocasionar un desequilibrio en el tiempo.

En términos más cercanos, podría afirmarse que la flor que usted cortó en un jardín para regalarla puede causar la extinción de una especie de mariposa o que, por el contrario, esa nueva planta que sembró ayudó en la conservación de otra especie. Ya le explicamos por qué.

Mientras tanto, vale la pena resaltar que el pasado junio Colombia fue catalogado como el país con más especies de mariposas de todo el planeta, con 20 % del total mundial, según un estudio publicado por el Museo de Historia Natural de Londres.

Se trató de una lista de chequeo, Mariposas de Colombia, que incluyó revisiones de colecciones biológicas y bibliográficas liderada por investigadores y naturalistas independientes, como Blanca Huertas del mismo museo, Indiana Cristóbal Ríos del Instituto Alexander von Humboldt y el colombiano Juan Guillermo Jaramillo, que además es miembro de la Sociedad Antioqueña de Ornitología y tiene un blog en el que registra todos los catálogos en los que ha trabajado, butterflycatalogs.com.

Así, el país tiene en total 3.642 especies registradas y, de estas, 289 son exclusivas, endémicas. Antioquia, Boyacá, Caldas, Chocó y Magdalena son los departamentos que más poseen, de acuerdo con el análisis. “Con base en los datos, calculo que Antioquia tiene cerca de 1.200, es decir, una tercera parte de las totales de Colombia. Somos diversos en este sentido debido a la cantidad de climas, las tres cordilleras, las diferencias de alturas y la variedad de naturaleza y ecosistemas”, explicó a EL COLOMBIANO Jaramillo.

César Franco Valencia, cuidador del mariposario en el Parque de la Conservación de Medellín, agrega que el neotrópico tiene 35 % de la diversidad mundial de estos insectos y que, aunque según el Instituto Alexander von Humboldt hay 12 especies amenazadas en el país, son datos posiblemente desactualizados “porque no hemos hecho suficientes estudios de densidad poblacional. Tenemos ya varios catálogos, pero no sabemos claramente cuántos individuos de cada especie hay en cada región”.

Más que mariposas

Los insectos se clasifican en órdenes, grupos, determinados por el tipo y número de alas, explica Jaramillo. Los dípteros, por ejemplo, tienen dos alas, como las moscas. Los coleópteros, como los cucarrones, tienen corazas.

Las mariposas, al igual que las polillas, son lepidópteras. Lepi o lépido, del griego, indica escamas y tero indica alas. Así, los lepidópteros son aquellos insectos cuyas alas son escamadas. Son el segundo grupo de animales con más especies en el mundo, con cerca de 160.000, superados solamente por los cucarrones.

Las polillas son entre siete y 10 veces más en especies que las mariposas, “son como hermanitas, pero los científicos las han dividido. Las diferencias no son muchas y hay excepciones”, continúa.

Las mariposas, por ejemplo, suelen ser diurnas y las polillas nocturnas, pero hay algunas polillas que trabajan de día y viceversa. Otra diferencia está en las antenas: “las mariposas tienen filamento con una bolita en la punta, mientras que las polillas tienen como un cepillo o pluma, con ramificaciones”, añade Jaramillo.

Otra diferencia está en el capullo. El de las mariposas se denomina crisálida, de la palabra griega oro, que se endurece y es lisa y, en muchos casos, se vuelve transparente. El de las polillas, por otra parte, está cubierto casi siempre de seda y es blando.

Son muy similares, del mismo grupo y se deberían estudiar por igual, indica Franco, pues solo 10 % de las lepidópteras son mariposas de día, de resto son polillas y chapolas, “y son las que menos se han estudiado, sobre todo porque llaman más la atención los colores llamativos de las mariposas”.

Los lepidópteros son animales complejos, sufren transformaciones conocidas como metamorfosis, donde se pasa de la fase de embrión a la de larva, pupa, y se llega a la adultez.

Las orugas tienen mandíbulas pero, en estado adulto, su aparato bucal se convierte en una especie de pitillo, llamado espiritrompa, que les permite alimentarse, principalmente del néctar de las flores, de sales minerales de la arena mojada, frutas o algunos excrementos animales.

Polinizadoras y jardineras

Después de las abejas, las lepidópteras son excelentes y fundamentales polinizadores, explican los expertos. Pues al hospedarse y alimentarse de flores de néctar, reciben en sus cuerpos polen que luego van esparciendo de flor en flor.

Pero, más allá, cumplen otras funciones importantes en los ecosistemas. “Otra, un poco más triste, es que sirven de alimento para los demás animales, en casi todas sus etapas de vida. Cuando son huevos, otros insectos se las comen o parasitan (poner huevos sobre otros huevos); cuando son gusanos, algunos pájaros y otros insectos se las comen, y una vez adultas, son alimento para arañas, lagartijas, pájaros y algunos mamíferos”, explica Jaramillo.

Franco añade: “Cada uno de los estadíos biológicos de los lepidópteros tiene un depredador específico, así que son base de esa cadena trófica”.

Otra razón, continúa el cuidador del mariposario, es que son indicadores de la calidad de los ecosistemas, “ya que cada mariposa pone huevos o se alimenta de una o pocas plantas específicas, así que si no está la planta, no está la mariposa. Al ver una especie de lepidóptero se sabe qué flores hay”. Así, dice, con hacer un censo de estas especies de insectos en una zona se puede saber la diversidad de plantas que hay o, por el contrario, la carencia.

Peligros en todas partes

Los lepidópteros se ven amenazados tanto a nivel rural como urbano. En el campo, explica Franco, son víctimas de la agricultura, la ganadería y demás actividades humanas que degradan los ecosistemas en los que habitan, sumado al uso de insecticidas que no discrimina entre plagas o entre especies amenazadas, y de otras trampas, como aquellas luminosas para las polillas. “Cualquier afectación a la vegetación tiene impacto en la fauna que depende de ella”, añade.

Otra amenaza es, según Jaramillo, que por el desconocimiento, muchas personas “ven el gusano y lo matan, lo fumigan, olvidando que de ellos es que salen las mariposas y las polillas y que son parte de ese ciclo”.

A nivel urbano, la expansión de las ciudades termina fragmentando sus hábitats y, por consiguiente, sus poblaciones. Cada vez hay menos árboles y plantas en las calles y, por consiguiente, menos opciones de hospedaje y alimentación para estos insectos.

“En el caso de los que son nocturnos, las luces de la ciudad no solo son una trampa para miles de insectos, sino que además afectan sus ciclos biológicos, pues las polillas se guían por la luz de la luna y las estrellas”, puntualiza Franco.

En Antioquia, por ejemplo, se ha perdido o disminuido la tradición de tener plantas, sean hospederas o nectaríferas, en los balcones, en los jardines y las aceras, por lo que para los individuos es difícil encontrar soporte de vida. Aún así, hay mucho que se puede hacer para su conservación.

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