Este es uno de esos casos de “no te lo puedo creer”. Resulta que a pesar de que hace cuatro meses la Fiscalía ocupó la casa de $12.000 millones ubicada en la Asomadera, que perteneció a Pablo Escobar y hoy su hermano Roberto utiliza como “museo”, esta es la hora en que no se ha podido efectuar el desalojo porque, según fuentes que siguen el caso, alias “el Osito” ha logrado mediante diversas maniobras jurídicas dilatar el proceso y, por ahora, seguir ocupando la mansión.
Este jueves 15 de febrero se volvió a suspender el operativo de desalojo, tal como ya había ocurrido el 29 de diciembre pasado. Según señaló Semana a través de fuente conocedora del caso, el agente oficioso de Roberto y su hijo Joseph, Víctor Orfenio Moreno, interpuso una tutela para frenar el procedimiento alegando que Joseph se encuentra enfermo y, por lo tanto, es ilegal un desalojo en estas condiciones. El procedimiento anterior se suspendió porque a última hora Roberto Escobar solicitó la posibilidad de pagar arriendo por el inmueble, así que mientras se dio trámite a la solicitud se tuvo que cancelar el operativo que tenía hasta antimotines a bordo. Tras este nuevo revés, la SAE volvió a reprogramar el procedimiento en dos semanas.
Cabe recordar que en octubre del año pasado la Fiscalía emprendió un proceso de extinción de dominio sobre la casa que, según el ente investigador, está a nombre de una mujer llamada Gilma Aidee Urdinola Ospina, quien a su vez tiene un contrato de arrendamiento con el hermano del narcotraficante.
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En este predio había levantado el hermano del extinto capo el “Museo Pablo Escobar”, visitado por miles de turistas extranjeros que llegan a la ciudad para incentivar el narcoturismo. La historia de este polémico sitio empezó en 2018 cuando “el Osito” y su otro hijo Nicolás tuvieron la idea de montar un museo y exponer vehículos, ropa, fotos y cualquier artículo que estuviera, aunque fuera remotamente, relacionado con el narcotraficante asesinado en 1993. Los turistas extranjeros lo convirtieron en un éxito, un lugar de culto más importante, en sus planes de viaje en Medellín, que las Gordas de Botero o Provenza.
Pero, la armonía alrededor de este negocio les duró poco. A los pocos meses, según narró Nicolás, él le propuso a su papá –a quien ni siquiera reconoce ahora como papá– que formalizaran el lugar, solicitaran los permisos en Planeación y cualquier otro requisito necesario para funcionar legalmente. Pero este se negó a que el lugar fuera formalizado. Nicolás le insistía en que debían hacerlo de manera legal porque habían hecho modificaciones a la casa que requerían permisos y en cualquier momento podían “joderlos” por eso. Además, apuntó Nicolás, el lugar estaba moviendo mucha plata y tenía trabajadores por lo que aseguró que era cuestión de tiempo antes de que les cayera la Dian. Pero su papá no cedió, quería mantener, según su relato, el negocio al margen de toda ley.
La pelea entre ambos dejó hasta amenazas de muerte. Entonces partieron cobijas y Nicolás montó otro museo por el que cobra $120.000 para mostrar réplicas de los objetos relacionados con la historia de terror que dejó su tío: hay una réplica del BMW de Rodrigo Lara Bonilla al que le hicieron los disparos para semejarlo con el real. Nicolás le vende a los turistas la historia de que en esa misma casa el capo tuvo una historia familiar, pero realmente el lugar en el que levantó este nuevo museo funcionó un gimnasio y antes una peluquería.
El “Osito”, por su parte, siguió con el museo hasta que fue demolido y ahora, según la Fiscalía, ha intentado de diversas maneras mantenerse con el control del predio que todavía no desaloja.
Una vez, por fin, logren sacar al hermano de Pablo Escobar del predio, la Sociedad de Activos Especiales (SAE) será la encargada de administrar esta propiedad que podría terminar en manos de víctimas del conflicto para desarrollar proyectos productivos allí.