Entre las montañas de San Sebastián de Palmitas, envueltas por el frío, se esconden 70 hectáreas de tierra que prometen en una doble vía. Por un lado, ser la base de proyectos productivos para el sostenimiento de varias familias y, por otro, convertirse en ejemplo de lo que significa el compromiso con la paz. Es la primera ubicada en zona rural de Medellín que la Sociedad de Activos Especiales (SAE) les entregó a firmantes del Acuerdo de Paz que dejaron las armas con la convicción de no empuñarlas nunca más.
El predio fue dado en comodato inicialmente durante cinco años a la Cooperativa Multiactiva Tejiendo Paz (Cotepaz), que cumple casi cuatro años y que hoy agrupa a unos 40 hombres y 35 mujeres firmantes, entre ellos población indígena y afro, que desarrollan iniciativas para subsistir y para tender puentes de confianza y reconciliación con las comunidades, con las que ahora se relacionan de tú a tú, sin el manto de poder que antes los cobijaba al portar un fusil o vestir un camuflado.
Le puede interesar: La religiosa que lleva dos décadas de lucha con las víctimas de la comuna 13 de Medellín
El pasado 26 de enero, Daniel Rojas, presidente de la SAE, hizo la entrega oficial de la finca, que está en extinción de dominio porque, según explicó, allí funcionaba una cocina de estupefacientes. Después de transitar varios minutos una carretera destapada, se abre el portillo para ingresar a esa tierra que la vista no alcanza a abarcar, pero sobre la que los excombatientes de las Farc han hecho planes a corto y mediano plazo pues saben que no será fácil sacar adelante.
Entre la infraestructura que queda en pie en la finca solo una vivienda parece estar en óptimas condiciones. Han pensado que allí podría habitar algún firmante con su familia, que a la vez estaría pendiente de los proyectos que tienen en mente. A otras estructuras, ubicadas más adentro, como una caballeriza, otra casa y una especie de cocina aún dotada con grandes hornos les deben meter mucha más mano para habilitarlas en función de iniciativas agrícolas y turísticas.
Los excombatientes dijeron que tomarán posesión del lugar de lleno en marzo próximo, cuando los actuales ocupantes del predio hoy administrado por la SAE salgan de allí. Por el momento, van de vez en cuando a explorar esos campos llenos de especies arbóreas y zonas cultivables, con el fin de conocer las posibilidades que tienen.
Los proyectos que sueñan
En la caballeriza, por ejemplo, han pensado que podrían comenzar una cría de gallinas ponedoras y pollos de engorde. También quieren tener viveros con plántulas diversas pensadas para planes de reforestación en el corregimiento y en otras zonas de Medellín, uno de los planes más ambiciosos y que están terminando de estructurar para presentarle al Distrito y a otras instituciones que puedan apoyarlos.
En la segunda casa, ruinosa y desvalijada, piensan que podrían vivir otras dos familias de firmantes cuando la conviertan en un sitio habitable. Y en el centro del bosque sueñan con tener un proyecto de turismo, con senderos ecológicos, zona de glamping o camping, donde la gente pueda ir a relajarse, disfrutar la naturaleza y respirar el aire fresco de esas montañas ubicadas a solo una hora de Medellín. Ven potencial además para criar truchas y cultivar productos propios de la vocación campesina de esa región fría, como cebolla, plantas aromáticas, tomate de árbol, lechuga o flores, además de hortalizas.
Apenas están dando los primeros pasos para convertir esos sueños en realidad, tras varios años pidiendo al gobierno nacional que les dieran una tierra en la que pudieran afianzar el deseo y el compromiso de trabajar por la paz. Por ello, la meta es que el lugar no sea solamente para los asociados de Cotepaz, sino para otros firmantes, más de 300 que, según John, uno de ellos, han llegado a Medellín y el área metropolitana.
John contó que poco después de firmado el Acuerdo de Paz entre el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos y las Farc no se les pasó por la mente que ciudades como Medellín se volverían tan receptoras de excombatientes huyendo de la guerra de la que antes formaban parte.
Lea también: El primer diciembre sin padecer la incertidumbre de un ser querido desaparecido
Agregó que esos más de 300 excombatientes habitan en su mayoría los barrios de las periferias y muchos aún con un velo que cubre su identidad, su pasado y su presente por temor a la estigmatización y a los riesgos de seguridad que siguen corriendo. Entre noviembre de 2016 y el 19 de enero de 2024 fueron asesinados 396 firmantes en el país, según Indepaz. Y Antioquia es uno de los departamentos con más incidencia.
Muchos han llegado a Medellín desde otros municipios como Ituango, Norte antioqueño, donde se consolidaron los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), que fueron foco de una violencia que los ha obligado a huir a nuevas áreas de reincorporación como la capital antioqueña.
Así lo hizo Vanessa tras estar en el espacio territorial de Santa Lucía, en Ituango, que fue trasladado a Mutatá, en Urabá, por los problemas de seguridad y la seguidilla de homicidios de exguerrilleros. En septiembre del año pasado fue asesinado su esposo, también firmante, cuando iba de Dabeiba a Mutatá.
Vanessa llegó a Medellín con su hijo de 5 años, hoy un niño huérfano más por causa de la guerra, a quien quiere mantener lejos del pasado que ella vivió. “Si dimos el paso de firmar el acuerdo, si dimos el paso a la vida civil, si dejamos las armas es porque queremos la paz. No queremos la guerra, mucho menos las madres que ahora tenemos nuestros hijos pequeños”, expresó.
Por eso, es optimista con esa tierra que les entregaron en San Sebastián de Palmitas, porque también ve posibilidades de fortalecer proyectos que ya tienen en la ciudad bajo la sombrilla de Cotepaz, como la Asociación de Mujeres Construyendo Paz, que nació en 2023, y el Mercado de las Mujeres, en 2021. Con este último comercializan artículos y productos de los emprendimientos de excombatientes de distintas partes del país, como miel, café, aceite, sudaderas, maletas o botas.
Por su lado, John señaló que tienen en marcha en Medellín un proyecto de reparación y almacén de motos, así como la iniciativa de turismo Memorias Comunes, que contempla rutas a los ETCR de Antioquia, como los de Anorí (Norte), Dabeiba (Occidente) y Mutatá (Urabá), así como las Nuevas Áreas de Reincorporación (NAR) de Medellín, Urrao y sitios similares en Chocó. Como parte de esta iniciativa, hace unos días la SAE les entregó en comodato un hotel en zona urbana de Marinilla, que brindará empleo a 31 firmantes, entre ellos 12 mujeres.
Pero si de algo están seguros es de que no basta solo con la tierra que les entregó la SAE en Palmitas, porque no pueden trabajarla apenas con las uñas. Para materializar lo que se proponen deben tocar puertas del sector privado, los gobiernos nacional, departamental y local, las instituciones y la comunidad internacional. Por ejemplo, han tenido acercamientos con la Secretaría de la No Violencia de Medellín y esperan que los tengan en cuenta en los encuentros que se programen con distintos sectores para la construcción del plan de desarrollo del cuatrienio.
El otro paso, tan importante como retador, es fortalecer el contacto con la comunidad de los alrededores de la finca y de otras zonas de la ciudad, a quienes quieren involucrar en sus procesos. “Tenemos muchos proyectos para desarrollar y muchas esperanzas como firmantes, los hombres y las mujeres tenemos la esperanza de mostrarle a la sociedad otra visión de nosotros, que nos miren, nos conozcan, que la paz se construye así. No es fácil llegar a un barrio y decir ‘yo fui guerrillero’, todavía hay mucha estigmatización; por eso, estamos haciendo algunos trabajos conjuntos con las comunidades”, dijo John.
Además: Proceso de paz de la cárcel de Itagüí: Pastoral y organizaciones sociales piden que los escuchen en la negociación
Comunidades en las que no es raro coincidir con víctimas del conflicto armado que habitan los barrios de la ciudad, muchos desplazados de sus terruños por distintos grupos armados. Uno de los logros de los que hoy hablan con orgullo los exguerrilleros es la Casa Cultural de Paz que inauguraron hace solo unas semanas en San José de La Cima, en lo alto de la comuna 3, Manrique, como un acto de reparación con ciudadanía y víctimas que habitan la zona, acciones a las que se comprometieron los firmantes comparecientes a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
Fueron más de 20 convites entre los firmantes y la comunidad, vendieron empanadas, hicieron bazares y todos pusieron un poco para construir y entregar el espacio, que funcionará como una especie de caseta comunal, para grupos de artistas, la Junta de Acción Comunal (JAC) del barrio, mujeres, niños o jóvenes. El compromiso es hacer proyectos similares en varios barrios en conjunto con la comunidad. Mientras tanto, esperan que las expectativas que tienen puestas en esa tierra de Palmitas trasciendan hasta convertirse en ejemplo de reconciliación y paz para el país.
Las víctimas se alegran por este paso, pero no se sienten el centro del acuerdo
En medio del optimismo de los firmantes por la tierra que la SAE les dio en comodato, desde la Mesa Distrital de Víctimas de Medellín manifestaron su descontento porque aseguran que llevan casi 20 años esperando acciones concretas en soluciones de vivienda y proyectos productivos para mejorar su calidad de vida.
“¡Qué bueno que se premie el cambio de vida que dieron los compañeros y las compañeras al dejar los fusiles y en lugar de ello arriesgarse a ganarse la vida como lo hacemos la gran mayoría de los ciudadanos de este país, arañando por aquí y por allá posibilidades de generación de ingresos para nuestras familias y comunidades! Solamente que de igual manera hoy constatamos de nuevo, cómo nosotras las víctimas no somos el centro sino la periferia de los acuerdos de paz”, expresaron en la misiva.
Posteriormente, Mauricio Urquijo, gerente regional de Occidente de la SAE, les respondió que existe “la voluntad institucional de continuar con los trámites en dos ofrecimientos que la entidad les ha hecho a las mesas de víctimas, y que siguen a la espera de confirmación y documentación de su parte”.
Es un llamado que deberá ser atendido y resuelto en el meollo de los trámites, pues como los propios firmantes consideran: la paz solo será posible si es incluyente con las víctimas y toda la sociedad.