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“La cultura popular nos delata como sociedad”: Juan Luis Mejía en la primera entrega de ExorcizArte Pablo

El exrector de Eafit analizó cómo el origen del narcotráfico tiene un anclaje en la forma de pensar paisa. Hizo observaciones a proverbios populares que moldearon la mentalidad criminal que cimentó Pablo Escobar.

  • Juan Luis Mejía Arango, intelectual y exrector de la Universidad Eafit. Foto: Esneyder Gutiérrez.
    Juan Luis Mejía Arango, intelectual y exrector de la Universidad Eafit. Foto: Esneyder Gutiérrez.
07 de octubre de 2023
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Colombia fue en las décadas de los 80 y 90 esa región del mundo en la que el narcotráfico, comandado por Pablo Escobar, puso de rodillas a un país. La violencia del narcoterrorismo tuvo como centro de operaciones la ciudad de Medellín, y con el paso del tiempo cuando se analiza este tema surgen muchísimos interrogantes que buscan esclarecer si en Antioquia existieron unas condiciones especiales para que floreciera lo que se ha llamado la narcocultura. También existe una gran inquietud para asimilar por qué la ambición del dinero rápido afectó de una manera tan significativa a una sociedad que heredó de sus ancestros campesinos, el trabajo, como una sus principales virtudes.

Se dice, -y con razón-, que para afrontar el presente hay que acudir a la historia. Pues bien, buscamos respuestas con Juan Luis Mejía, reconocido intelectual de Colombia quien durante su vida profesional se ha desempeñado como director de la Biblioteca Pública Piloto, Biblioteca Nacional de Colombia, Colcultura, Cámara Colombiana del Libro, secretario de Educación de Medellín, ministro de Cultura, rector de la Universidad EAFIT, gestor del Colegio Horizontes, profesor, conferencista y prologuista de innumerables ediciones.

Como la promesa de esta serie es aproximarse desde el arte al conflicto del narcoterrorismo, acudimos como fuente de inspiración histórica a Horizontes (1913) de Francisco Antonio Cano, considerada la obra más representativa de Antioquia. Aunque ésta es una imagen de singular belleza, esconde la tragedia de una familia campesina que busca abrigo cargando unas escasas pertenencias. A la obra de Cano en el Museo de Antioquia la acompaña la intervención que sobre Horizontes realizó el artista Carlos Uribe en 1999, su mensaje un siglo después es que ese horizonte con el que se encuentran los colonos es un territorio afectado en su biodiversidad por el sembrado de cultivos ilegales de coca.

Utilizando como telón de fondo las obras Horizontes de Francisco Cano y de Carlos Uribe; y partiendo del ensayo de Juan Luis Mejía, El culto al avispado, inicia esta entrevista que busca entender esa cultura paisa en la que el narcotráfico echó raíces.

El avispado más vivo que nunca

Escribiste hace 20 años “El culto al avispado”, un ensayo que sigue con una enorme vigencia y que aborda esa pérdida de valores de nuestra sociedad antioqueña.“Cuando participé del Consejo Directivo de la Universidad EAFIT preparaba un discurso para un acto de graduación y pensé en cuál debía ser ese mensaje para los estudiantes, sus papás y la sociedad. Reflexioné por qué la sociedad antioqueña le ha otorgado tanta importancia al avispado que si bien es un personaje que tiene muchos valores como la astucia y la audacia, también vive al filo de trasgredir los principios éticos.Me inquietaba saber por qué tanta admiración por un personaje que no estudia sino que se la “gana de ojo”, al avispado le interesan los negocios sin hacer empresa, siempre piensa en la inmediatez; y tiene un aspecto que a mí me preocupa mucho y es que no respeta el principio de la buena fe. Mientras la sociedad y todas las leyes de los códigos civiles parten de la buena fe, el avispado, en cambio, siempre está buscando cómo puede tumbar al otro más rápido y fácil”.

Para entender la cultura paisa también mencionas Que pase el aserrador, el cuento de Jesús del Corral...

“Simón Pérez, el protagonista, es el arquetipo que nos muestra cómo ese hombre que tuvo que abrir montes, luchar contra cañadas, buscar oro, se vuelve también muy recursivo. Él tiene que abrirse camino no sólo con su fuerza física, sino también con su habilidad, por ello Simón Pérez no tiene ningún recato en asegurar que es un aserrador experto cuando no ha tocado un serrucho en su vida. Aunque esta acción se podría interpretar como la lucha por la supervivencia, el problema es que esa habilidad mental está regida por un principio y es Pa´ las que sea... con la ley o sin la ley, y para mí allí radica el problema”.

“Yo no lo tumbé, él se cayó solito”

Juan Luis Mejía señala que si bien nuestros refranes, chistes y canciones populares producen una sonrisa, son al mismo tiempo un termómetro que permite medir nuestra escala de valores. Para el caso de la cultura antioqueña, los refranes son el anticipo de cómo ante la falta de unos cimientos éticos, la ilegalidad arrasó rindiendo culto al avispado: Hecha la ley, hecha la trampa, El vivo vive del bobo, Por la plata baila el perro, La ocasión hace al ladrón, La plata busca la plata, Las cosas no son del dueño sino de quien las necesita, Es que dio papaya, Yo no lo tumbé, el se cayó solito.

“En el refrán está la sabiduría del pueblo y vemos cómo la cultura popular nos delata como sociedad, nuestros refranes exaltan la picardía, la viveza y el triunfo por fuera de la norma. Tengo que admitir que Antioquia está llena de valores, como el trabajo y la solidaridad, pero también tenemos que cuestionar nuestras líneas éticas, empezando incluso desde nuestros primeros años de educación. En la academia el llamado “pastelero” es admirado, en cambio se le hace bullying al buen estudiante. La cadena se repite porque quien gana los exámenes engañando, fácilmente se dopará para competir en el deporte o hará trampa en sus negocios”.

¿El eslabón siguiente es conseguir dinero fácil?

“Se habla de dinero fácil, yo por el contrario he expresado que el narcotráfico no es dinero fácil, pero sí es dinero rápido. Se rompió la ecuación esfuerzo-resultado que habíamos aprendido, sabíamos que para conseguir las cosas teníamos que trabajar duro, eso se rompió, y de pronto con uno o dos golpes de mano el dinero fluyó por cantidades inesperadas, esa para mí fue la gran grieta de esta sociedad”.

El narcotráfico rodó sobre los rieles del contrabando

Juan Luis expone cómo el narcotráfico en Colombia operó sobre el engranaje que había instalado el contrabando, con el agravante de que nuestra sociedad necesitó mucho tiempo para entender que ésta era una categoría aun más peligrosa, incluso en Colombia la legislación es tardía, la Ley 30 que adoptó el Estatuto Nacional de Estupefacientes es de 1986.

“Para uno entender el fenómeno del narcotráfico hay que partir del contrabando. El contrabando fue la expresión de ese avispado, recuerdo que cuando estaba chiquito se exaltaba la habilidad del contrabandista, por ejemplo, se aplaudía al que tuvo la viveza de meter dos mil zapatos izquierdos por Cartagena, y los otros dos mil derechos por Buenaventura, engañando a la Aduana.

“Con el agravante de que el contrabando era socialmente tolerado, usted necesitaba una botella de whisky, vaya donde “Elvia”, quiere un betamax, vaya donde “Elvia”, por eso al principio el narco no se vio como una amenaza sino como una expresión de esos habilidosos que pasaron de contrabandear unos productos por otros, ya no entraban mercancía sino que la sacaban”.

El avispado entra en acción cuando en Estados Unidos aparecen dos fenómenos coetáneos que van a fomentar la demanda de marihuana y posteriormente de cocaína: “Todos los que regresaron de la guerra de Vietnam llegaron fumando bareta, al igual que un gran número de jóvenes unidos al naciente hippismo en California. Luego en Norteamérica empieza a demandarse otro producto, no ya la marihuana sino la cocaína, el perfil inicial de este consumidor era el de un profesional con jornadas laborales muy fuertes”.

“La coca que era usada ancestralmente en las comunidades indígenas, o en nuestras casas, como en la casa de mi abuela donde había una matica de coca para cuando a uno le daba dolor de barriga, empieza a tener demanda en los Estados Unidos, es allí donde muchos de quienes estaban contrabandeando con marihuana, ven en la cocaína un gran mercado, y se despierta de nuevo el astuto”.

Explica Juan Luis que la coca es el último coletazo de las bonanzas agrícolas de América Latina porque nuestro continente, muy especialmente desde fines de la colonia, ha vivido de estas bonanzas que empezaron con la quinua, seguidas por el añil, el caucho y finalmente la coca.“En la actualidad en este negocio si bien los colombianos han perdido la capacidad de ingresar la cocaína a los Estados Unidos, y ya la entregan en alta mar a los narcotraficantes mexicanos, en Colombia seguimos con los mismos problemas: una economía paralela que puede ser igual o superior a la economía legal, el ingreso enorme de dólares y la violencia que sigue causando”.

El narcoterrorismo contado desde las víctimas ¿Cómo podemos reflexionar y superar desde el arte las grietas que dejó Pablo Escobar y las décadas de narcoterrorismo?

“Hay que seguir hablando de los 80 y 90 porque la herida es muy profunda, no se ha cicatrizado, y sigue viva con otros matices. Cuando uno olvida la historia la repite constantemente, y olvidar esos momentos de dolor que vivimos a fines de los 80 y principios de los 90 me parece una ignominia contra las víctimas, por eso lo que creo es que no hay que exaltar a los victimarios sino a las víctimas. En todas nuestras familias tenemos algún dolor de esa violencia gratuita que nos azotó, por ello a mí esas series que exaltan la viveza y ese avispado me ofenden”.

¿Cómo ve esa oleada de turistas buscando las raíces del narcotráfico en Medellín?

“Los defensores del narcoturismo dicen que uno viaja y va a los campos de concentración en Alemania, y claro que sí, pero cuando uno va a esos campos de exterminio es a compadecerse de las víctimas no a llevarle flores a Hitler. La herencia que dejó Pablo Escobar y el narcoterrorismo fueron hechos que desvertebraron a toda una sociedad y hay mucho dolor que sanar todavía. Yo insisto en que hay que recordar que en sólo tres años hubo 60 carros bomba en la ciudad de Medellín, eso no se nos puede olvidar. A mí me ofende ir manejando y ver que un carro tiene una calcomanía de Escobar o turistas que lucen aquí en Colombia o en el exterior camisetas y gorras de este personaje”

.¿Podemos exorcizar la herencia de Pablo Escobar?

“Hay momentos en los que la sociedad se levanta, como en los años 80 en Colombia cuando se estaban cerrando las empresas por el contrabando y la sociedad se levantó y consideró una ofensa social comprar cosas de contrabando, por ello, debemos levantarnos como sociedad y trabajar por una sanción. Aquí hasta ahora frente al narcotráfico sólo hemos tenido una sanción policial, pero necesitamos llegar a la gran sanción social. Es la hora de que reflexionemos desde la cultura, desde el arte cuáles fueron esas rupturas y que es necesario recordarlo, pero recordarlo desde el lado de las víctimas”

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