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Chavismo: 20 años con las “horas contadas”

Los regímenes en Venezuela han sobrevivido a un golpe de Estado y a la presión. Este año podría ser diferente.

  • Tras la muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013, Nicolás Maduro (quien era su vicepresidente) se convirtió en el sucesor del chavismo. FOTO Reuters
    Tras la muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013, Nicolás Maduro (quien era su vicepresidente) se convirtió en el sucesor del chavismo. FOTO Reuters
20 años con las “horas contadas”

El fin del chavismo en Venezuela ha sido decretado tantas veces que cuesta llevar la cuenta. Durante los 20 años de gobierno de Hugo Chávez, luego de su sucesor, Nicolás Maduro, no han faltado pronosticadores que han puesto horas a su salida del poder sin que llegue a concretarse.

Los ejemplos son múltiples: el intento de golpe militar en 2002 que, por dos días, puso al empresario Pedro Carmona en el poder en lugar de Chávez; el fallido referendo revocatorio en 2004; las protestas en 2014 contra Maduro bajo el lema de La Salida; y las manifestaciones de 2017 tras la disolución de la Asamblea Nacional, opositora.

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El más reciente de estos vaticinios de cambio se dio en los últimos días. El opositor Leopoldo López, recién liberado de su arresto de cinco años –en una movida que probó la fractura entre las Fuerzas Armadas y el oficialismo– dijo que esperaba que la salida del poder de Maduro se diera en “semanas”.

El escenario, nuevamente, parece inevitable: el Banco Mundial considera que el país vive “la peor crisis económica en la historia moderna de América Latina”, con un decrecimiento económico previsto del 25 %; una inflación que ya resulta imposible de calcular; la ONU estima que 3 millones de personas han migrado por la escasez; y cerca de 60 naciones reconocen como presidente legítimo a un opositor: Juan Guaidó.

Pero, como en las ocasiones anteriores, los hechos alrededor no permiten aventurarse a mirar hacia el frente y anunciar un cambio de era.

La semilla del colapso

El conteo contra el régimen de este año salió del escenario nacional y puso a Venezuela en un contexto geopolítico: desde la movilización interna hasta la participación de potencias como China, Estados Unidos y Rusia hacen parte de la ecuación.

Desde 2014 Barack Obama impuso sanciones a funcionarios del gobierno de Maduro por sus violaciones a los Derechos Humanos y este tipo de medidas se repitieron contra personas cercanas al gobierno en los años siguientes. Pero fue hasta 2019 que llegaron las penalidades económicas dirigidas a las instituciones que el régimen controla.

El 30 de enero de este año EE.UU. aplicó sanciones a la compañía estatal Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa) que le prohibió comerciar con entidades norteamericanas y congeló sus activos en el extranjero. Desde entonces, Maduro carece de su mayor fuente de ingresos debido a que el crudo venezolano era comprado en refinerías del sur de EE.UU.

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Luego, el 19 de marzo, llegó la penalidad a la minera estatal Minerven por realizar operaciones ilícitas con oro. Tres días después, sancionó al Banco de Desarrollo Económico y Social y sus filiales en el país. Ya en abril bloqueó a 34 embarcaciones de Pdvsa y vetó las transacciones con el Banco Central de Venezuela, lo que cortó su acceso a dólares.

“Esas sanciones por sí mismas no necesariamente conducen a la salida de Maduro, sino a un agravamiento de la economía. Sin embargo, la destrucción ha sido desde los años de la bonanza”, explica Ronald Balza, decano de la facultad de Ciencias Económicas de la U. Católica Andrés Bello. Sin embargo, no se puede saber a ciencia cierta cómo estas medidas han afectado las finanzas de la administración porque Maduro no publica presupuestos.

Los bloqueos también se emiten desde Europa. El Banco de Inglaterra vedó al régimen de retirar lingotes de oro. Félix Seijas, profesor de la U. Central de Venezuela, explica que estas medidas “buscan aumentar el costo de permanencia en el poder y representan un juego de presión”, del que Maduro ya ha demostrado estar perdiendo oxígeno.

Un cronómetro incierto

En cualquier caso, el chavismo no ha respirado un par de meses tranquilo desde su llegada al poder, afirma Carlos Romero, profesor de ciencia política de la U. Central de Venezuela. Cada cierto tiempo, una nueva crisis amenaza su continuidad.

Estas, sin embargo, han tenido artífices distintos: los militares y empresarios en 2002, el sector petrolero en 2003, los estudiantes en 2007 y una parte creciente de los ciudadanos en 2014 y 2017. Solo en la coyuntura actual, afirma Romero, confluyen todas estas inconformidades.

La principal diferencia frente a otras, de acuerdo con Nicmer Evans, activista del Frente Amplio Venezuela Libre, es que se tiene un rumbo trazado por Guaidó: cese de la usurpación, transición y elecciones libres. “Parece un asunto superficial, pero esta ruta plantea unos alcances y unos límites que nunca habían existido”, afirma. Incluso, la Asamblea aprobó un Estatuto para la Transición y un Plan País para recuperar esferas que están en puntos críticos.

La conducción de Guaidó llega, a su juicio, luego de cinco años de trastabilleos con las protestas de 2014 —cuando la crisis económica no era suficientemente profunda y la oposición no tenía unidad– y 2017, en las que Evans considera que hubo una falta de dirección que “expuso y desgastó a los ciudadanos en las calles”.

Puede ver: “Hubo gente que faltó por cumplir”: Guaidó sobre alzamiento militar

Ahora, la estrategia gira en torno a movilizaciones civiles en las que subyace una promesa de rebelión militar a favor de Guaidó, como sucedió el pasado 30 de abril con la liberación de Leopoldo López.

Esta amenaza de ruptura en las filas del chavismo, invocada sin mucha credibilidad en ocasiones anteriores, gana peso en esta coyuntura pues, tal como afirma Aaron Tauss, profesor de relaciones internacionales de la U. Nacional, “nunca como ahora el gobierno de EE.UU. había estado tan comprometido con la salida de Maduro del poder”.

La influencia extranjera llegó al punto que el ministro de defensa, Padrino López, reconoció indirectamente esta semana que la Casa Blanca lo contactó a él y a otros altos mandos para traicionarlo.

“Ahora hay una crisis de legitimidad, de eficiencia del sistema político, un cerco internacional y una oposición unida. Las condiciones están dadas para la transición”, así lo explica Martha Márquez, directora del Instituto Pensar de la Pontificia U. Javeriana.

Las piezas, en teoría, están puestas. Por menos factores, afirma Roberto Briceño, sociólogo venezolano y director de la ONG Observatorio de Violencia, renunciaron otros presidentes como Francisco de Rúa en Argentina, en medio de la crisis económica, y Charles de Gaulle en Francia, derrotado por las protestas de mayo del 68.

Pero el chavismo ha demostrado cierta inmunidad a las predicciones y a las claudicaciones morales. Maduro sigue sentado en la silla presidencial de Miraflores mientras desde Washington, Lima y Bogotá se programan cronómetros con cuentas regresivas que puede que nunca lleguen a cero.

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