La situación política de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, es tal vez la peor en cinco años que lleva en el poder. Con la economía en precario estado, los casos de corrupción salpicando a su mecenas, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, y un creciente descontento contra la gestión del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), la mandataria tuvo que salir ayer a decir que no renunciará al máximo cargo.
“Creo que solicitar mi renuncia es reconocer que no existe base para el impeachment (destitución en el Legislativo)”, afirmó Rousseff en una rueda de prensa en el palacio presidencial de Planalto, en Brasilia.
“Es imposible creer que por mi trayectoria política, por mi honradez, me resigno ante los que actúan con absoluta falta de respeto a ley. Si no hay ninguna razón para hacerlo, no voy a renunciar”, agregó Rousseff, en palabras que recoge la agencia Efe.
Para la mandataria brasileña, quienes exigen su destitución no están siguiendo procedimientos establecidos en la Constitución del país, por lo que solo considera bulla todos los llamados que se están haciendo en ese sentido en Brasil, por estos días. “Los opositores deberían proceder de acuerdo con la Constitución”, dijo.
Paradójicamente, mientras que pedía seguir la ley en cuanto a quienes piden su destitución, rechazó la orden de detención contra Lula que pide la Fiscalía del país.
“El gobierno repudia el acto practicado contra el expresidente Lula. Esa petición de la Fiscalía sobrepasó todos los límites y el sentido común. Es un acto de injusticia”, aseveró.
Polarización
Además de su férrea defensa del oficialismo y de su gestión, la mandataria intentó en los últimos días lanzar dardos contra la oposición y afirmar que se está haciendo una persecución —supuestamente apoyada por la prensa—, contra todo lo concerniente a su gobierno, y que no repara en los casos que puedan saberse de la oposición.
“Las filtraciones apócrifas, selectivas e ilegales deben ser repudiadas y tener su origen rigurosamente investigado, ya que perjudican la ley, la justicia y la verdad. Además, los rumores son negativos para la economía”, señaló en días anteriores mediante comunicado.
“Si hay una delación compensada homologada y debidamente autorizada, es justo y legítimo que la sociedad sepa su contenido. Sin embargo, repito, se requiere la autorización del Poder Judicial. Rechazamos, en nombre del Estado Democrático de Derecho, el uso abusivo de filtraciones como un arma política. Esas prácticas no contribuyen a la estabilidad del país”, agregó.
En la rueda de prensa del día de ayer, intentó mostrarse conciliadora, al pedir “más diálogo, menos turbulencia, y más pacificación”. En este sentido, afirmó que el hecho de que se permita la convocatoria de protestas contra su gestión “es una de las victorias de la democracia brasileña, siempre que sean pacíficas”.
En diálogo con EL COLOMBIANO, la periodista brasileña Anna Veciana no tuvo dudas en afirmar que se trata del peor momento del mandato Dilma:
“Debe hacer frente al difícil momento que vive el expresidente Lula, su mentor, y todavía líder del Partido de los Trabajadores. Por si fuera poco, la crisis económica que sacude al gigante suramericano sirve de marco para dificultar una posición de liderazgo que Rousseff debe construir sin apenas aliados. Todos los estamentos del poder parecen estar en una cuerda floja de la que la presidenta pretende no desprenderse. Ayer afirmó que su cara no es la de alguien que vaya a renunciar, pero su aprobación es del 11 por ciento”.