La escalada entre Estados Unidos e Irán continúa. Poco después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, asegurara que no buscaba la guerra con Irán, Washington volvió a atacar en Irak.
Hubo “muertos y heridos” en un bombardeo aéreo al norte de Bagdad contra un convoy de las Fuerzas de Movilización Popular o Hashd al Shaabi, una coalición de paramilitares proiraníes ahora integrados en el Estado iraquí, dijo una fuente policial.
Las Fuerzas de Movilización Popular han acusado a Estados Unidos, que aún no ha reaccionado.
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La víspera fue un “disparo de precisión de un dron” estadounidense el que sumió al mundo entero en la incertidumbre, haciendo temer “una nueva guerra en el Golfo” que “el mundo no puede permitirse”, según la ONU.
El bombardeo estadounidense fue dirigido contra dos coches que salían del aeropuerto de Bagdad. En su interior estaban Soleimani, el artífice de la estrategia iraní en Oriente Medio, y Abu Mehdi al Muhandis, el hombre de Irán en Bagdad. Ambos murieron en el acto.
Irán amenazó con “una dura venganza” por la muerte de su general más popular, que todo Oriente Medio creía intocable. Se llevará a cabo “en el lugar correcto y en el momento adecuado”, añadió. Una declaración que dispara el miedo de que Irak se convierta en un campo de batalla indirecto para sus dos aliados: Teherán y Washington.
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Sed de venganza
Desde que Estados Unidos mató a Soleimani, se ha creado un raro consenso en Irak, desgarrado durante más de tres meses por una revuelta popular que denuncia la corrupción y la influencia de Irán.
Como Washington “violó la soberanía de Irak”, en palabras de los dirigentes del Estado, los comandantes de las Fuerzas de Movilización Popular llamaron a sus combatientes a “estar preparados”.
El turbulento líder chiita iraquí Moqtada Sadr incluso reactivó al Ejército del Mehdi, su milicia disuelta tras haber hostigado al ocupante estadounidense en Irak (2003-2011).
Hadi al Ameri, jefe de los proiraníes en el Parlamento, dijo que ahora hay que “cerrar filas para expulsar a las tropas extranjeras” de Irak.
Los diputados se reunirán el domingo y podrían denunciar el acuerdo iraquí-estadounidense que regula la presencia de 5.200 soldados estadounidenses en territorio iraquí. Y esto, justo cuando Washington ha anunciado el despliegue de 3.000 a 3.500 soldados adicionales en Kuwait, vecino de Irak, de modo preventivo, según un alto funcionario del Pentágono, además de los 750 enviados esta semana.
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El aliado libanés de Teherán, el Hezbolá, prometió “un castigo justo” a los “asesinos”. Y en Yemen, los rebeldes hutíes, respaldados por Teherán, pidieron “represalias rápidas”.
En Washington, los republicanos aplaudieron las operaciones y los demócratas criticaron una decisión que consideran irreflexiva.
“El presidente Trump acaba de arrojar un cartucho de dinamita en un barril de pólvora y le debe una explicación al pueblo estadounidense”, reaccionó el exvicepresidente Joe Biden, candidato presidencial para noviembre.