72 %
de la tierra en Sudáfrica sigue en manos de la población blanca, según cifras oficiales.
Este país africano celebra hoy 25 años desde la victoria de Nelson Mandela en las elecciones de 1994 y el fin de la exclusión racial impuesta por el Apartheid.
Sin embargo, el expresidente y Premio Nobel de Paz por su participación en esa transición, Frederik Willem de Klerk, lamentó ayer que el éxito de la democracia multiétnica no sea completo.
“Solo hemos logrado un éxito parcial al hacer realidad los valores fundacionales en las vidas de la mayoría de los sudafricanos”, afirmó De Klerk en una carta difundida por su fundación.
De Klerk fue el último presidente bajo el régimen del Apartheid y, bajo su gestión, decidió la liberación de Mandela, quien llevaba 27 años en prisión acusado de conspiración por su participación en movimientos armados. Luego, De Klerk se encargó de negociar con Mandela, –su antiguo enemigo– al punto que cuando salió asumió como vicepresidente.
Desigualdad, el pendiente
Desde 1994, el Congreso Nacional Africano (CNA), el movimiento que llevó a la presidencia a Mandela, ha gobernado el país de forma ininterrumpida.
Bajo su gestión, Sudáfrica rompió con siglos de gobierno de una minoría blanca. Sin embargo, ha sufrido el desgaste tras más de dos décadas y algunos de sus representantes, como el expresidente Jacob Zuma, se han visto envueltos en escándalos de corrupción.
Según señaló De Klerk en su carta, el gran pendiente es la inequidad. “La dignidad humana continúa eludiendo a millones de sudafricanos sin educación, empleo y servicios sociales adecuados”, señaló.
Y citó, entre otros ejemplos, la titubeante economía nacional, que se encuentra “bajo una enorme presión, la mayor parte causada por la corrupción rampante, la aplicación de políticas basadas en la raza inapropiadas y las dudas sobre el compromiso del Gobierno con los derechos de propiedad de la tierra”.
Este último punto es uno de los debates más profundos en la sociedad sudafricana. El CNA aboga por políticas que tratan de corregir un escenario en el que, pese a haber transcurrido décadas desde el fin de Apartheid, la minoría blanca (10 % de la población) todavía posee el 72 % del suelo en manos de particulares.
“Pese a todo esto –concluyó el exmandatario–, Sudáfrica es un lugar mucho mejor que hace 25 años”