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Conflicto en Siria: 10 años de la derrota de la esperanza

  • Lo que empezó como una revolución hacia la democracia se tornó en un gran conflicto internacional. Fotos: Getty.
    Lo que empezó como una revolución hacia la democracia se tornó en un gran conflicto internacional. Fotos: Getty.
  • Conflicto en Siria: 10 años de la derrota de la esperanza
Siria: 10 años de la derrota de la esperanza
06 de abril de 2021
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La cotidianidad se ha asentado sobre cadáveres. 388.652 muertos en 10 años; 38.865 cada año; 3.238 cada mes; 107 cada 24 horas. Las cifras ya no importan. Ya no dicen nada. Tras una década de conflicto, la guerra en Siria va rumbo a convertirse en una tragedia sin sorpresa. Las bombas ya no hacen ruido, los caídos caen sin memoria y el futuro es un túnel sin luz.

La perspectiva suele ser dura con el pasado. La vista atrás encuentra en el detonante de la guerra a miles de sirios que al grito de «Silmiya» (pacífica) abarrotaron en 2011 las calles del país. Exigían libertades y apertura política, como ya otros miles lo clamaban en Yemen, Egipto, Bahréin y Libia. Era eso que los contemporáneos se apresuraron a llamar “Primavera árabe” en un intento por nombrar aquello que parecía el “florecimiento” de un nuevo Oriente Medio.

Marchitó rápidamente. “Tenían la esperanza de derrocar a los regímenes que llevaban décadas gobernando con mano de hierro”, señala Hasan Turk, analista en Asuntos sobre el Oriente Medio y los Conflictos Internacionales. “Así pasó en Siria, donde miles de jóvenes soñaron con echar abajo al gobierno de Bashar al-Ásad. No iba a ser tan fácil. Al-Ásad tenía grandes amigos”.

Un líder por accidente

Al-Assad no estaba destinado al cargo al que se ha aferrado, a punta de sangre, desde 2011. Segundo hijo de Háfez al-Assad, dictador entre 1970 y 2000, no estaba en la línea de sucesión. Su hermano mayor, Basel al-Ásad, tenía la cinta presidencial desde su nacimiento. Fue preparado desde sus primeros años para presidir el gobierno. Ingeniero y comandante de la Guardia Republicana, creó una imagen de hombre temerario y cruel. El favorito de su padre.

Siria: 10 años de la derrota de la esperanza

En 1994, y mientras se dirigía a ver su novia, el heredero murió en un accidente automovilístico en las cercanías al aeropuerto de Damasco. Justo allí, en el azar de un giro mal dado, Bashar al-Ásad, un niño que fue tímido y modesto y no tenía la mejor relación con su padre, que soñaba (y estudiaba) para ser oftalmólogo, se convirtió en la única esperanza de la familia para retener el poder. Tenía apenas 28 años y vivía en Londres con su enamorada, futura esposa.

“Cuando volvió a Damasco, su padre informó al ‘Dr. Bashar’ que tenía que reemplazar a su hermano. Debió ser un impacto enorme para el joven que contemplaba una vida tranquila como oftalmólogo, sin incidentes y probablemente en el extranjero”, señaló Susan Muaddi Darraj en el libro Bashar al Assad. Major World Leaders. El 17 de julio de 2000, un mes después de la muerte de su padre, asumió el poder.

Tal vez por ser un hombre al que la historia asaltó y por su desconocido pasado, tal vez por venir de los Londres liberales, Bashar al-Ásad alcanzó a representar una ilusión. En su discurso inaugural, sin dejar de reconocer el “glorioso” legado de su padre, aceptó la necesidad de introducir cambios. Habló de “honestidad”, “transparencia” y “eficiencia”. Prometio un avance “gradual” hacia “cambios económicos” y “modernización de las leyes”. Horas después, confirmó en su cargo a todos los hombres que habían acompañado al gobierno de su padre.

Infográfico

Human Rights Watch señaló esa decisión, 10 años después del ascenso del líder, como una de las posibles razones de su fracaso. Sarah Leah Whitson, directora para Oriente Medio de la ONG, fue tajante en el informe “Una década desperdiciada: Los derechos humanos en Siria durante los primeros diez años en el poder de Bashar Al-Asad”: “Cualquier esperanza que hubieran podido tener los sirios de una nueva era de apertura política bajo el régimen de Al-Asad se ha visto frustrada”.

“Ya sea porque Al-Asad quería ser un reformador pero se lo impidió una vieja guardia arraigada o porque se trata simplemente de otro gobernante árabe que no está dispuesto a escuchar críticas, el resultado para el pueblo sirio es el mismo: ni libertad, ni derechos”, agregó Whitson. Justo lo que esos jovenes pedían en las calles durante 2011. A diferencia de sus homólogos en los países vecinos, Al-Asad desplegó una fuerte represión que incendió el país.

Junio fue especialmente decisivo. Durante ese mes un sector del Ejército se rebeló y creó el Ejército Libre Sirio (ELS). Cuatro meses después se formaría su mano política, el Consejo Nacional Sirio (CNS). Ambas fuerzas, las leales a Al-Asad y las rebeldes, se disputan aún el control del país. “Sin embargo, Al-Asad habría caído si no tuviera el apoyo de Rusia y de Vladimir Putin”, dice Turk. El 30 de septiembre de 2015 Moscú anunció una intervención en suelo sirio, una operación que se ha convertido en el mayor y más largo despliegue en el extranjero del Ejército ruso desde el colapso de la Unión Soviética.

Un polvorín global

La de Siria ha sido una guerra con intereses políticos, como todo conflicto, y con la necesidad apremiante de supervivencia. Lo que empezó como una guerra civil se ha tornado en una batalla contra un terrorismo que amenazó a todo Occidente. En junio de 2014, el Estado Islámico (EI) se autoproclamó Califato y se nombró autoridad máxima de todo el mundo musulmán. Tomó posición en Irak y Siria y llegó a ser reconocido como un “protoestado” (un estado en formación”.

Su avance, en medio de un país fracturado, fue rápido. Llegó a tener el control de Mosul (tercera ciudad más importante de Irak); y Al Raqa, ciudad siria que llegó a ser considerada capital del EI. Poco a poco el conflicto superó las fronteras sirias: la idea de un grupo terrorista con tal poder fue suficiente para la intervención de las potencias. Rusia y Estados Unidos tomaron posición contra el EI, sin embargo, su opinión respecto a Al-Asad las enfrenó en el terreno. Mientras Putin se apoyó en el gobierno para desplegar su ofensiva, EE.UU. apoyó a la oposición.

Diez años después, la agrupación terrorista está relegada a pequeños espacios de poder, mientras la lucha entre rebeldes y fuerzas leales se mantiene tal como en 2011. Con la diferencia militar y estratégica que le da a cada fuerza el apoyo de Rusia y Estados Unidos.

“La única salida es una transición”, repasa Mauricio Jaramillo Jassir, profesor de Estudios Internacionales de la Universidad del Rosario. “Y eso necesariamente no tiene que pasar por la salida inmediata del poder de Al-Asad. Las solución puede ser que él mismo lidere reformas constitucionales que den más garantías a la oposición. La presión y el cansancio en Siria ya está obligando a esa situación”.

Un cansancio que se siente en los organismos internacionales como la ONU, “relegada solo a dar cifras, a contar los muertos”, apunta Turk, debido a la parálisis de su Consejo de Seguridad, en el que el enfrentamiento de EE.UU. y Rusia bloquea toda resolución. La guerra en Siria cumple 10 años en medio de datos. La esperanza que inició las revueltas juveniles en 2011 yace muerta.

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